15 feb 2012

My Murder: Capítulo 22

"Comparemos cicatrices, te diré las de quién son peores"
(Rise against-"Let's compare scars, I'll tell you whose is worse")







El gélido viento del otoño golpeaba mi rostro al abrir la puerta, mi corazón –más bien el de Helena- comenzó a brincar al ver su silueta.

-Helena—murmuró alegre-- ¡Estás bien!

 Sonrió como siempre amé que sonriera. Era igual a como lo recordaba, sólo que se veía cansado, como si la vida lo tratara de asesinar y él no se dejara, como si fuera un soldado recién llegado de una batalla.

-¡¡Hola!!—le saludé, no me importó sabe que Helena estaba enojada con él, era mejor reconciliar la relación

 Frank inmediatamente me abrazó y yo correspondí al gesto rodeando su torso con mis brazos, posando mi cabeza sobre su hombro y dejando que su aroma penetrara mi nariz.

  Cerré los ojos llena de satisfacción. Todo resultaba tan sencillo.

El viento volvió a soplar y ambos temblamos. Deshice el abrazo.
-Pasa, Frank. Morirás de frío ahí afuera—le pedí haciéndome a un lado dejándole espacio para que entrara.
-No, estoy bien—contestó sin gesto.
-Es enserio, pasa.

  Él resopló y se metió.

   Me senté a su lado en el sofá de la sala.
-Helena. ¿Estás bien? –me preguntó preocupado, como si enserio algo estuviera mal.
-Sí, estoy perfectamente bien, Frank. Acabo de salir del hospital.
-Sí me dijo Gerard. Creí que pediría el día para quedarse contigo, pero veo que no está aquí.
-¿Venías a buscarlo a él?
-Sí, pero… Creo que me quedaré un rato. No vaya a ser que te pongas mal otra vez
-Entonces viniste a cuidarme—deduje.
  Frank me miró de soslayo y luego asintió.
-Ay, no te preocupes, ya te lo dije; estoy bien. Nada va a pasarme.
-¿Estás segura? Porque me tratas muy bien. Eso no me da mucha confianza.
-¿Qué? –pregunté confundida.
-Helena, por favor. No juegues conmigo; ambos sabemos que no me aguantas y que yo nunca me sentí cómo cuando llegaste aquí.
 

 Eso me dolió a mí a pesar de saber que él hablaba de la relación; Frank/Helena y no Scarlet/ Frank.

-Supongo que te metiste un buen golpe en esa cabeza—suspiró mirando el suelo—Pero creo que tienes razón, mejor no te cuido y me voy—Frank disponía a levantarse cuando yo le tomé el brazo obligándolo a sentarse de nuevo.
-No, Frank. Tu no te vas de aquí—le dije seria, y es que realmente no quería que se fuera—tu perteneces aquí. Debes quedarte ¿Me entiendes?
-Pero este no es mi hogar.
-¿Cómo que no es tu hogar, entonces cuál es?
  Él cerró los ojos y luego bajó la cabeza.
-Realmente no lo sé—susurró.
-Gerard es amigo tuyo. Y por lo que yo sé, ésta no es casa mía y yo no puedo correrte. Así que quédate y duerme un poco. ¿Sí?

  Frank alzó la vista y me miró a los ojos extrañado.
-¿Por qué eres tan amable conmigo? Creí que me odiabas a muerte.
-¿Por qué habría yo de odiarte?
-Helena, todo eso fue puro chantaje porque creías que estaba loco. Me llevaste al psicólogo porque Gerard te contó que yo veía un fantasma…

  Dejó las palabras en el aire ocasionando un hueco en mi estómago. Todo el embrollo fue porque Frank me veía… Quiero decir, veía al fantasma de Scarlet. Realmente Helena había complicado las cosas.

-Pero… La gente suele cambiar de opinión.
-¿Tú crees que ese accidente te haya cambiado, Helena?
-Sí. Sí lo creo, Frankito—le contesté intentando sonar mayor.
-Entonces ¿Crees que puedas aceptarme de nuevo?—dijo él con amabilidad—Pero haré lo que me pidas; limpio tu habitación, las cortinas, incluso lavaré el baño—continúo él atropellando las palabras.
-Frank, eres bienvenido a esta casa cuando lo desees.
-Gracias—dijo sonriendo. Luego se levantó y me abrazó con cuidado, como si yo fuera una vulnerable muñeca de porcelana.
  Entonces caminó hacia la cocina.
-¿Qué haces? –le pregunté desde el sofá.
-El desayuno—contestó sacando una sartén.
-No. Tú te vas a dormir, porque vas a regresar a la escuela ¿entendiste?
-No eres mi madre.
-Pero como si lo fuera. Soy mayor que tú y debes obedecerme.
-de acuerdo, señora Lee. –contestó en forma de broma.
-Pero primero date un baño, que del lugar de dónde vienes no huele muy bien.
-Sí, señora.
-Y no me digas señora. Dime Sca… Digo, Helena.
  Al parecer Frank se dio cuenta que me trabé en esa oración, pues se sorprendió, pero luego siguió su camino al baño. Y es que yo aún no lograba decir en voz alta que mi nombre humano era Helena.

***

  El reloj ya marcaba las diez de la noche y Gerard aún no llegaba. Mi Frank dormía en la habitación que le asignó “mi hermano” aún cuando yo era un fantasma.

  Yo… Pues me encontraba, silenciosamente, sentada cerca de su cama. No quería despertarlo y hacerle pensar que lo acosaba. Aunque, pensándolo bien, esa era la situación real.

 Pero nadie quiere ser descubierto espiando a su amado, nadie. Así que… sólo lo miraba respirar tranquilo, como la última vez que estuve con él.

  La luz plateada de la luna iluminaba su  desnuda espalda y su nuca. Frank dormía boca abajo respirando sobre la almohada, creando un sonoro y quieto ronquido que a cualquiera hubiera comenzado a arrullar. Incluso logró eso en mí, pues minutos después comencé a cabecear.
-

  Después, dormí un poco…

Mis sueños claros y llenos de Frank, se tornaron oscuros y llenos del pasado; del pasado de Scarlet….

  Realmente no eran sueños las imágenes que pasaban en mi cabeza cuando por fin logré cerrar mis párpados, eran más bien recuerdos de todo aquello que a mí, Scarlet, me había sucedido desde aquella noche en que fui secuestrada y asesinada.

  Soñé el día en que por primera vez Frank me había hablado, las veces en las que su padrastro había ido a casa a golpear a mi madre, soñé la vez en que fallecí, cuando mi hermana gemela falleció, cuando Gerard me tiró al río, cuando Emilie coqueteaba con Frank, cuando Mario hablaba pestes de mi familia, mi funeral…

 Al último Gerard aparecía. Iba a golpearme… ¿Por qué?

 Cuando “sentí” aquella bofetada en mi sueño, desperté sobresaltada.

Abrí los ojos llena de miedo. ¿Gerard me había golpeado siendo Scarlet aún? ¿o era un recuerdo de Helena?

-No… Por favor… pfavor… No, nomegolpeesdenuevo –escuché a Frank balbucear entre sueños y él también despertó. --¡¡Ah!!—exclamó asustado al verme sentada junto a él.
 Me levanté rápido y encendí la luz de la habitación.
-Calma… Calma…--le dije mientras él se sentaba sobre la cama cubriendo su desnudo torso con las sábanas.
-¿Qué haces aquí?
-Yo… vine a ver cómo estabas.
 Él se tomó la cabeza preocupado…
-Sí, estoy bien –me sonrió intentando fingir—Sólo fue una pesadilla, Helena. No te preocupes.
-¿Se trataba de Gerard? –Le pregunté acercándome más a él, logrando notar esos moretones en el cuello y parte de la mejilla derecha de nuevo.
-En realidad… no lo recuerdo
-Frank… --dije con voz molesta—Por favor, quiero que confíes en mí.
-Pero no está pasando nada serio ¿Sí? La gente suele tener pesadillas que normalmente no tienen nada que ver con la vida real—suspiró cansado—Aparte tú no eres mi madre
-Está bien –dije mientras acariciaba su pómulo. Al tocarlo sentí un bulto en su rostro, entonces lo tomé con ambas manos y noté que tenía otro hematoma. Frank hizo una mueca de dolor --¿Quién te hizo esto? –pregunté más molesta.
-nadie…--respondió él sonrojándose y bajando la cabeza.
-No, Frank. Tienes que decírmelo. A partir de ahora yo seré el adulto que te cuide, así que debes de contarme lo que sucedió con esa carita.
 Confieso que no sé de dónde saqué lo maternal, pero era cierto que quería protegerlo, y no me importaría comportarme como una madre sobreprotectora si eso necesitara.

-No eres mi madre—repitió—Ya te lo dije, no es nada. Y no hay buena razón para que tú, Helena Lee, quieras cuidar de alguien como yo. Ya tengo 17 años, soy lo suficientemente grande como para poder arreglármelas solo –Me contestó alterado y luego miró a la nada diciendo—Siempre supe cuidar de mí mismo.
-Fue Gerard—solté de pronto, evadiendo las duras palabras de Frank—Sé que fue él… ¿Qué pasó?
  Como respuesta, Frank me miró desconcertado con lágrimas en los ojos.
-Frank—susurré acercando mi rostro al suyo—Oye… No pasará nada malo si me lo dices
-No te creo. Eres su hermana menor…--contestó con voz pasiva, parecida a la mía.
-No le diré, Frank –seguí murmurándole cerca—Tú eres mejor que él. Y al ser yo su hermana, sé de antemano que Gerard es una mierda. Tú no—le sonreí
 Volvió a poner cara triste, sus enormes ojos relucían más gracias a las cristalinas lágrimas que se asomaban en ellos. Se veía tan hermoso arqueando así las cejas y moviendo nerviosamente los labios, como haciendo un puchero.
  Así me miró durante varios segundos, lleno de miedo.

 Yo jamás quise transmitirle eso. ¡Maldita sea la hora en que me convertí en Helena!
-Sí –dijo entonces—Gerard me golpeaba… ¿No lo recuerdas?
-No—le contesté confundida. ¿Entonces…?
-También lo hizo contigo
  ¿Entonces Helena logró ver a Gerard golpeando a mi Frank?
-¿Conmigo? –le dije con voz temblorosa, quizá esos recuerdos viejos de Helena hayan sido combinados con los míos mientras soñaba hace un rato. Quizá el puño de Way en mi cara no era mi imaginación; era un recuerdo de ella.

  Esto ocasionó que mi temor hacia Gerard creciera más. Si antes le tenía miedo por lo que me hizo, a mí Scarlet, me daba ahora más miedo al saber que también lastimaba a su media hermana.
-Sí, helena. Nos golpeó aquella noche en que te fuiste.
-¿Qué pasó realmente esa noche, Frank? Necesito saberlo… No recuerdo nada.
-Eso: él me golpeó.
-¿Y luego?
-Me quisiste defender, y ocasioné que a ti también te lastimara—volvió a suspirar –Eso pasó.
-¿Te duele? –fue lo único que logré preguntarle con mi garganta seca.
-Un poco. Pero me duele más que te haya hecho eso a ti—contestó señalándome el cuello.


¿Qué tenía ahí? …
Cierto, pensé, desde que regresé a la tierra como Helena no me he detenido a observarme físicamente. Sólo me acostumbré a mi voz. ¿Seguiré masacrada?

 Me toqué aquella parte del cuello, debajo de mi oreja izquierda. Con los dedos helados logré palpar la piel de mi nuca, se trataba de un bulto, a rosarlo con la yema de mi dedo índice me ardió.

 Entonces me dirigí a la puerta de la habitación, donde se encontraba un espejo de cuerpo entero, me hice a un lado el oscuro cabello castaño y ahí la vi: la cicatriz de lo que parecía más que un rasguño, era una cortada ocasionada por algo filoso.

-¡¿Qué me hizo?! –le pregunté a Frank alarmada aun viéndome al espejo— ¿Qué fue lo que me hizo?
-Oh, ya sabes, lo más cobarde: te golpeó con una varita del roble que se asoma en tu habitación… --me contestó Frank intentando sonar despreocupado. Lo miré incrédula, entonces él contestó intimidado; — Es sarcasmo. Lo siento…
-No te preocupes. Todo estará bien—Sí, mi voz sonaba decidida. Y era porque estaba decidida, mientras le miraba el rostro amoratado a Frank, debatía conmigo misma sobre qué hacer.
- ¿Qué quieres decir con eso… Helena? –La voz de Frank se quebró al pronunciar ‘mi nombre’.

  Miré el reflejo de sus ojos en el espejo, él me devolvió el gesto y yo le sonreí confiada. Enserio tenía un plan y pensaba hacer pagar a Gerard por hacernos esto, él no era buena persona. Creo que nunca lo fue, y realmente no espero a que en un futuro llegue a serlo.



 Frank buscó su playera, al tiempo que yo me observaba detenidamente en el espejo.

Por fin lograba verme completa. Posé un poco frente al espejo de cuerpo entero.

 Helena era delgada, como yo; sólo que ella tenía mejor tono de piel, yo siempre fui un fantasma invisible, siempre pálida como la porcelana. Pero ella era blanca como una nube, con tonalidades rosadas, al menos me veía viva. Los ojos hundidos muy parecidos a los de Gerard y también reflejaban un tono verde almendrado, como si no pudiera definirse bien el color. La nariz también se parecía a la de su medio hermano, solo que la de Helena, en vez de estar muy respingada terminaba en una bolita suave y bien torneada. Por suerte no tenía el mismo tono de cabello, sino, sería un retrato muy idéntico de Way. También la diferenciaba la forma delgada y fina de su rostro; no era tan tosco como el de Gerard. Volviendo a su cabello; Helena lo dejaba largo, hasta debajo de los hombros, de color castaño oscuro muy parecido al negro azabache de su medio hermano, pero no tanto.

 Decidí sonreírle al espejo, sus dientes eran grandes. No como los de Gerard que son amarillentos y pequeños. Se veía que Helena cuidaba bien de su aseo personal. Era muy bonita, espero que haya sido amable antes de dejarme su cuerpo.



 Cuando me di cuenta, Frank ya estaba parado detrás de mí con cara preocupada; lo noté en su reflejo.

-Entonces ¿Qué piensas hacer? –preguntó al fin.
-Salir de aquí en cuanto antes –decidí.

10 feb 2012

My Murder: Capítulo 21

¿Dónde estabas tú cuando todo se derrumbaba?"
(The fray "Where werw you when everything was fallin appart?")


Gerard me miró serio y luego bajó la vista. Al parecer no le gustaba hablar sobre la estancia de Frank en casa.

-No, ya no vive con nosotros.
-¿Qué? ¿Por qué?
-¿acaso te preocupa? Fue por eso que te enojaste y saliste la otra noche. Prometí no volver a hablar del asunto jamás.
-¿Qué asunto?
-No me digas que también lo olvidaste—comenzó a alzar la voz
-Claro que lo olvidé.
-Por favor, Helen… No me hagas recordarlo.
-Dímelo—ordené seria y lo reté con la mirada. Él simplemente suspiró y cedió.
-Bueno, la segunda noche que él durmió en mi cama… Tú creíste, deliberadamente, que era mi ‘amante’. Entonces te dije que yo no era gay. Pero tú insististe. Después de eso, sacaste cosas como que Frank se acababa la alacena completa y que no pensabas ayudarme a pagar más dinero por él… --Gerard golpeó la puerta y tomó su barbilla con la mano, recargando el codo sobre el brazo del asiento del auto— ¡Mierda!
-Lo siento—dije sin sentirlo realmente. Aún no… no me daba confianza. Y yo no pediría perdón por algo que yo no hice. Fue Helena, yo soy Scarlet.
-No importa… Ya no.
-Claro que sí importa. Por mi culpa dejaste a Frank solo y quién sabe dónde se encuentra ahora…
-Sigue escondido, no te preocupes, Helena—Gerard contestó tajante, con sarcasmo haciendo que algo creciera en mi estómago; era coraje—De todos modos, Frank nunca fue de tu agrado. Ni siquiera entiendo por qué traes el tema a la conversación otra vez.
-¿dónde está?
-Mejor descansa—contestó cansado tomando el volante—Has vivido suficientes emociones por hoy.

 Fue lo último que dijo antes de girar la llave y arrancar en dirección a su casa…
Su actitud me dejó sin palabras; porque cuando quería era un hermano cariñoso. Pero, supongo, cuando algo le molestaba o se estresaba se convertía en un demonio.

  Mi cabeza comenzó a dolerme. Malditas reacciones humanas, pensé. Pues ya me había acostumbrado a ser un “alma en transición” sin sentimientos, sin hambre, sin sed, sin ganas de dormir, sin ardor sobre la piel. Pero hoy, volvía a la vida y tenía que atenerme a las consecuencias del contrato que firmé hace… ¿Nueves meses humanos?

  Para que la cabeza dejara de punzarme, decidí hacerle caso a mi sarcástico ‘hermano mayor’ y cerré los ojos intentando descansar.

  *

-¡¡No!!—desperté gritando esto. ¿Pero qué demonios…?
Mi sueño fue horrible. Hace mucho que no dormía, ni siquiera cuando era Scarlet-La-Humana.
  Se trataba de Frank. Soñé que Frank enfrentaba a Mario y éste lo asesinaba justo en frente de mí. Ver a alguien morir no es algo especial y hermoso… Y menos si se trata de tu ‘otra mitad’.

-¿Qué tienes, Helena?—preguntó Gerard preocupado abriendo la puerta del auto.
-Yo… ah… Tuve una pesadilla—contesté acomodándome en el asiento. Entonces me levanté para bajar y entrar a la casa. Pero cuando me incorporé con la ayuda de Way, recordé muy tarde que tenía sobre mi regazo aquél retrato que me dio  la enfermera.

 Éste se precipitó contra el asfalto y el vidrio que cubría la fotografía se rompió en pedacitos ocasionando un sonido terrible para la migraña que persistía en mí.

-No te preocupes, yo lo levanto—Gerard se agachó y entonces miró la fotografía que aún tenía el marco y solo la mitad del pedazo de vidrio. Luego me miró – ¿De dónde sacaste esto?
-Yo lo tenía—mentí. Obviamente no sabía de dónde había salido antes que del hospital- ¿Por qué la pregunta?
-Hace mucho que no veía esta—acarició con cuidado el retrato y al no darse cuenta, se cortó con el vidrio partido a la mitad—ouch… Las fotografías son peligrosas
  La mano comenzó a sangrarle, sólo un poco. Pero en vez de morirse de dolor, me sonrió y le quitó el marco y el vidrio restante al retrato, después lo guardó en su pantalón.

 Volvió a tomarme del brazo para no dejarme caer. Enserio me sentía mareada.
-¿Estás bien? –pregunté preocupada. Porque, aunque sea difícil de creer, estaba preocupada porque Gerard no muriera de una hemorragia. Quiero decir… Sí, es cómplice de Mario, pero ¿Y si él es tan inocente como Frank?
-Sí, estoy perfecto. No importa… Ahora debo llevarte a tu habitación y dejarte descansar.
-Gerard, ya he descansado lo suficiente. Quiero seguir hablando.
  Él me soltó el brazo, dejando que me incorporar y me acostumbrara al peso de mi cuerpo. Era extraño volver a sentir un cuerpo, desde que había muerto sólo flotaba como una pluma.
-Primero te voy a meter a la casa, deja de hablar—me pidió tajante y volví a obedecerle.

  Caminamos lento hacia la puerta. Esa puerta que Frank tocó hace diez meses para pedirle ayuda a Gerard. Y ahora, todo por culpa de Helena, él ya no tenía hogar o si quiera algo parecido.

  ~~~

  Way me ayudó a sentarme sobre el sofá; noté que era nuevo, ya que hace nueve meses Frank se hundía al sentarse y este era más resistente. Aparte tenía otro diseño.

  Era como si todo estuviera renovado. Incluso la cocina que, a juzgar por lo que vi antes, ahora tenía mejores acabados con el azulejo marrón.
-¿Te gusta como quedó? –me preguntó Gerard al notar que observaba cada detalle de la casa.
-Sí, se ve… Más elegante—dije, pensando en el horrible cuchitril donde vivía Gerard cuando recién Frank había llegado. Pero decidí preguntar— ¿Qué fue lo que cambiaste?
  Era mejor cerciorarme de no cometer algún error al hablar.
-Pues… realmente fue Frank quien renovó la mayor parte de la casa—sonrió, como quien no quiere la cosa, y suspiró volviendo a abrir la boca—Aah. Bueno, yo también pagué algunas cosas. Como lo del baño y el medio baño, la cocina quedó muy bien, también los sillones se ven mejor… Aunque me molesta un poco el haber tenido que vender la televisión pero… Frank insistió.
-¿En qué insistió?
-Ah… Bueno, él quería darte una sorpresa cuando regresaras. Pero… bueno pasaron varios meses y comenzó a desesperarse, entonces se fue de esta casa…--Gerard se tomó la cabeza y alzó las cejas, un tanto preocupado. Luego se sentó a mi lado.

-Pero también tuve yo la culpa ¿Verdad? –añadí molesta con Helena.
-No, claro que no
-Por favor, Gerard.
-Lo que pasa es que él temía que fuera encontrado. Mario habló una vez aquí y me amenazó con venir a buscarlo.
-Sigue teniéndole miedo.
-¿Cómo no quieres que le tenga miedo? Ese tipo es un desgraciado sin piedad. No deberías meterte con él… Nadie debería hacerlo
-¿Qué es Mario de ti?
  Pregunté al ver que el tema de Mario y Frank siendo encontrado lo hablaba muy abiertamente.
  Supongo que Gerard no se había dado cuenta de su ‘error’ hasta que formulé esa pregunta, entonces se puso tenso y me miró de reojo.
-Es… Mi jefe ¿No te acuerdas?
-Aah, no casi no. ¿En dónde trabajas?
-En el supermercado del condado, Helena—dijo como si ya me lo hubiera repetido cien veces. Al parecer, Gerard sabía mentir bien.
-¿Y ahí conociste a Frank, ahí es donde te manda Mario?
-Sí. Es obvio… Y Frank es hijastro deh jefe
-¿Pero no se supone que debería tratarlo bien, al ser de casi su familia?
-Ya te lo dije, hermana, Mario es un desgraciado.
-¿Te trata mal a ti?
-¿Quién eres, mi mamá? –dijo él lleno de rabia. Me sentía ofendida y decidí callar. Él me miró serio, se levantó del sillón y se despidió de mí.
-Ahí hay un poco de caldo de pollo. O cocina lo que quieras. Duerme. Tengo que irme de regreso al trabajo.
-Bien
-Cuídate mucho y me hablas por teléfono si quieres algo.
-Sí—dije recostándome sobre el sofá y miré el techo de la sala. Sentí un beso en la frente y luego escuché la puerta de la entrada cerrarse de golpe.

¿Dónde estarás, Frank?

  Me levanté, usé las pantuflas y comencé a rondar la casa. Realmente todo era diferente a como lo recordaba.
   ~~~

  Me encontraba en la cocina sirviéndome una taza de café, cuando escuché que alguien golpeaba la puerta.
-¿Quién es? – pregunté alzando la voz. Pero en vez de responder con algún nombre, la persona del otro lado golpeó una vez más la puerta, creo que estaba desesperándose.

  Entonces corrí lento hacia la entrada y giré la perilla. Justo en el momento en el que abrí, me di cuenta que todo comenzaba a estar mejor.

  Porque fue Frank quien saludó al verme.

6 feb 2012

My Murder: Capítulo 20

"Cuando nuestros autos chocan"
(My Chemical Romance "when both our cars collide") 



Suspiré preparándome para la respuesta que Gerard me daría a la siguiente pregunta

-¿Dónde está él?
-Uh, sigue en casa. Pero está de necio, no quiere volver a la terapia con el psicólogo
-¿El psicólogo?
-Sí, Helenita. ¿No te acuerdas? Él alucinaba con un fantasma.
-¿El fantasma de quién?
-Por favor, hermana, te dije que hablamos luego. Mi jefe me espera en el despacho.
-Bueno…--me resigné a hacer más preguntas—Cuídate, Gee
-Nos vemos luego, Helena—besó una última vez mi frente y salió corriendo del cuarto.


  No sabía qué hacer, así que decidí… tocar uno que otro botón.
-¿Qué necesitas?—preguntó agitada la enfermera amable. Llegó más rápido de lo que yo esperaba.
-Respuestas.
-Oh—suspiró—Respuestas… Bien, trataré de decirte todo lo que sé.
  Ella tomó un banquito de metal, en el que Gerard estaba sentado cuando llegué a la tierra de nuevo.
-Bueno, principalmente, quiero saber ¿Cómo llegué aquí?—inicié sentándome sobre la camilla.
-Bien, señorita Way. Llegó aquí por un accidente automovilístico que le paralizó primero el lado derecho de su cuerpo y una semana después, la dejó en un coma grave. Casi moría
-No me hables de usted, me siento vieja cuando hacen eso
-De acuerdo—soltó una risita—Eres igual a tu hermano.
-¿Conoces a Gerard? –Sentía que debía saberlo todo, no tenía que irse ni un detalle.
-Pero claro que sí, él… bueno, él fue la razón del choque y también sufrió un poco, pero menos que tú.
-¿Con quién choqué? ¿Sabes si iba yo manejando?
-Sí, Helena. Era una tarde de tormenta. Realmente no sé por qué te habías enojado con tu hermano, perk condujiste hacia la ciudad más cercana de aquí, ibas muy rápido. Gerard dijo que tiempo atrás tenías pensamientos suicidas, entonces llamó a la policía. Temió lo peor para ti. Después de informarle al jefe en turno, él salió en su auto para buscarte.—hizo una pausa y suspiró como si algo le molestara—Y… bueno, cuando tu pisaste el acelerador en una de las avenidas principales de aquella ciudad, él conducía del lado contrario y… ambos chocaron.

  Un silencio incómodo llenó la habitación. No sabía qué decir, me sorprendía la nueva actitud que veía en Gerard. Porque creí que era otra clase de persona, claro no tan ruín como Mario, pero sí un poco… Grosero, y malagradecido.

  Pero la manera en que cuida del cuerpo de Helena… bueno, la manera en que me cuida, es digna de un buen hermano mayor.


-¿Fue culpa suya o mía? –pregunté rompiendo el hielo.
-De nadie. Pero ambos estaban mal. Obviamente tú más, ni siquiera parpadeabas, el golpe te había dejado en shock y Gerard se preocupó más…--acarició mi mano-- Un mes él estuvo en esta misma habitación contigo recostado en otra camilla. En rehabilitación. Tres meses después y no despertabas, Gerard ya había salido del hospital, pero aún así venía a visitarte todos los días, a la misma hora, sin falta. Helena, él te extrañó como no te imaginas. Alguna vez llegaste a mover los dedos del pie… --hizo una pausa—Creo… que fue aquél día en que el trajo a su amigo.
-¿Qué amigo?
-Un joven, más chico que ustedes dos, de ojos claros y de estatura baja…
-…Frank…
-Creo que era él…--la enfermera respiró hondo y miró el suelo. Después volvió a verme a los ojos—Es todo lo que sé.
-Es suficiente—le dije sonriente—Gracias
-Muy bien—ella se levantó y me arropó con las delgadas sábanas de la camilla—Ahora debes descansar. ¿De acuerdo?
-Sí—contesté recostándome bien.
-De todos modos yo seguiré por aquí.
  Acomodó algo en uno de los pocos tubos que ya tenía injertados en mis venas y luego me dio mucho sueño. ¿Era droga eso? … Se sentía bien. Muy bien…

  Su rostro se desvaneció y yo caí profundamente dormida.

***

-Helen… Helen-na—alguien me llamaba tartamudeando y movía mi brazo—Helena Lee despierta, es hora de comer.
  Abrí los ojos y luego los tallé. El sueño me invadía pero aún así el hambre no se dejó obligándome a despertar.

-¿Qué hora es? – le pregunté a la enfermera
-Hora de que te levantes—miró su reloj—Son las once y media de la mañana.
-¿De la mañana?... Pero, entonces dormí una hora solamente…
-No, Helena. Dormiste todo el día. Veinticuatro horas casi exactas.
-¿Enserio?
-Sí, creo que debemos relajar un poco la dosis…
-¿Cuándo puedo irme?
-Pareces una niña de quince años haciendo preguntas todo el tiempo
  “Soy una niña de quince años” dije en mis adentros. Pero, obviamente eso no lo sabía la enfermera. Y claro, no podía culparla por no saber, nadie en este jodido hospital lo sabía, sólo yo.
-Tengo que. Hay muchas cosas que no recuerdo.
-está bien, pregunta todo lo que quieras. Ahora, toma—la enfermera puso una charola sobre mi regazo—Come y yo te espero.
 La tomé y miré lo que me traían de desayunar: Una ensalada, una manzana  un flan. Miré a mi derecha donde se encontraba ella sentada y noté que tenía una caja de jugo de manzana en la mano. Supongo que era para mí
 Volví la vista a mi comida.
-Anda, no está envenenado—agregó la enfermera y soltó una risita—Es en serio. Aquí la ensalada no está podrida como en las películas.
  No dije nada y tomé el tenedor de plástico. Puse un poco de ensalada verde en él y engullí. Estaba fresca y rica, como dijo ella. Seguí comiendo, casi sin respirar, el hambre me mataba.
  Al terminar, me di cuenta de algo; todo eso lo hice con la mano izquierda, muy natural fue mi movimiento. ¿Helena es zurda, por qué no me lo dijiste, pequeña Scarlet? Pensé, intentando hablarle, pero ella no me contestó.


  Volteé a ver a la enfermera y con un mohín me invitó un poco de ese jugo que sí se me antojaba y de inmediato acepté.

***

  A las dos de la tarde, con caras llenas de asombro, el médico y las enfermeras decidieron darme de alta. Al parecer el regreso de la vida de Helena era casi un milagro.
  Media hora después, bien bañada, me encontraba sentada sobre una cómoda silla de ruedas, con ropa de Helena y sus pantuflas.

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  Esta silla era divertida, movía un poco las llantas y me trasladaba rápido. Anduve por los pocos pasillos del hospital del condado, viendo de reojo a los demás pacientes casi fríos recostados en sus respectivas camillas. Unos lloraban, otros dormían. Eran los pasillos de la desolación para todos, menos para mí.

  Regresé a mi habitación. Me acomodé el cuello de tortuga azul marino de mi suéter y me di cuenta que todo estaba limpio allí dentro, de nuevo. Como si yo nunca hubiera estado dentro.
  Sonreí al creer que era un sueño. Pero la realidad era que al ser pequeño el hospital, las mucamas lograban cambiar y limpiar sábanas y demás en todas las habitaciones de inmediato.
  ~~

La enfermera amable tocó mi hombro por atrás y giré la silla para verla.
-toma, se te olvidó esto—me dijo ella dándome un retrato—Se ven bien juntos…
-Ah, gracias—dije extrañada
-En unos momentos viene Gerard por ti…
  Y desapareció entre la blancura del pasillo.

  Contemplé la fotografía. Eran  Helena y Gerard. Bien, Gerard y yo, supongo que unos años atrás, pues él no se muestra como ahora, con ese cabello tan oscuro y las ojeras… En el retrato se ve feliz, más joven, incluso su cabello es verde muy rebelde y sonríe sincero. Helena está abrazándolo por atrás, en una feria…
  En serio se ven contentos, pero el pueblo sigue siendo el mismo, se ve igual de frío y gris.

   Por alguna razón, una lágrima cayó sobre mi mejilla.
“Es que Helena aún extraña esa juventud” resonó la voz de Scarlet.
-¿Siento lo que elha debería sentir?—pregunté en un susurro
“Sí, es esa conexión que todas las almas que han hecho esto, como tú, odian. No les gusta sentir lo que otros deberían, pero esas son las pocas consecuencias del cambio de cuerpo, Scar. Perdón… Helena”
-Entiendo—fue lo último que dije, y dejé que mis ojos se inundaran de agua. También dejé al cuerpo llorar un poco y luego me sequé las lágrimas.
  No iba a quedarme como antes con el nudo en la garganta, y este no era mi cuerpo, temía maltratarlo.

  Dejé el retrato en mis piernas y me dirigí a la recepción. De nuevo crucé pocos pasillos del lugar y miré a los mismos pacientes sufriendo.


  La entrada del hospital tenía puertas grandes de cristal. Me quedé ahí, sentada sobre la silla de ruedas a mirar el aburrido y feo paisaje del pueblo donde siempre he vivido.

  Volví a juguetear con la silla. Comenzaba a aburrirme. Pero a lo lejos, entre la neblina del frío otoño ahí afuera, logré vislumbrar a un tipo alto y pálido, vestido con un smoking.

Sí, era Gerard.

  Entró corriendo por la puerta de cristal y se quitó los guantes.
Me miró de soslayo y sonrió. Pero en vez de venir a mí y abrazarme, se dirigió inmediatamente al escritorio de la recepcionista y ella le dio papeles. Él firmó y después, al fin, se giró y me miró.

-¡Hola, Helenita!—saludó hincándose para verme – ¿Cómo te fue hoy en el hospital?... Ayer vine a verte en la noche, pero estabas dormida. Temí que volvieras a ser un vegetal—después de su comentario, Gerard soltó una risita nerviosa y me miró a los ojos.
  Quizá esperaba a que dijera algo, pero… realmente no sabía qué contestar.

-Qué bueno que estés aquí—fue lo único que se me ocurrió decir—Gracias por seguir cuidándome, Gerard.
-Gee—dijo él molesto
-¿Gee?
-Sí, así me llamabas. ¿Te acuerdas?
-Oh, sí, lo recuerdo—mentí—Pero…
-No te preocupes, era un chiste. Dime como quieras—Gerard me interrumpió.
-Eres raro—Comenté haciendo una mueca.
-Ya lo sabías—dijo él levantándose. Luego, ‘mi hermano’ se paró detrás de mí y preguntó--¿Lista para regresar a casa, después de un largo viaje entre sueños?
-Supongo… --dije temerosa
  Y el segundo asesino de Scarlet empujó mi silla de ruedas. Pero entonces, una voz llamó su nombre.

-Señor, Way. ¡Señor Way!—gritaba una enfermera haciendo que Gerard volteara y se detuviera.
-¿Sí?
-No pueden llevarse la silla de ruedas. Pertenece al hospital del condado… Lo siento
  “Strike uno” pensé burlándome de nuestra equivocación al creer que nos regalarían esta cómoda silla de ruedas.
-Oh. De acuerdo, pero sólo déjenme llevarla al auto, está aquí en frente. ¿Sí?—respondió hábilmente. En serio me quería cuidar…
-De acuerdo, señor Way.
-No me tardo.

Entonces Gerard volvió a tomar los manubrios y me empujó más rápido hacia fuera del edificio.
 

  El viento soplaba afuera, se veía que una tormenta venía en camino. Gerard me puso una cobija sobre las piernas y volvió a empujarme.
  Al llegar a la puerta de su auto-que era un Lincoln clásico negro-me tomó debajo de los hombros y me ayudó a levantarme. Sólo tuve que dar algunos pasos para entrar por la puerta del copiloto.
-¡es un milagro!—gritó de repente--¡¡Ya camina!! Gracias, diosito…-- y luego comenzó a reír.
  Yo lo seguí. Por todos los cielos, sus bromas me animaban.
-Cálmate, Gee. No me volví una inválida…
-Pero casi.
-Bueno, ya, ayúdame a cerrar la puerta.
  Él obedeció y regresó corriendo al hospital con la silla de ruedas.

   Mientras, yo me dediqué a observar su vehículo por dentro.
    A decir verdad, se veía muy ordenado, para ser de Gerard. Porque todo estaba limpio, los asientos grises bien cuidados, el tablero era viejo, pero se veía servible. Los botones del estéreo sí se veían gastados, pero nada fuera de lo normal… Del espejo retrovisor colgaba un collar con un dije en forma de diamante. Y fue ahí donde recordé que Frank tenía mi dije. El que tenía forma de clave de sol y que él mismo me regaló. Tenía que encontrarle.<+o:p>

  Intenté pensar qué habría pasado con él durante los últimos nueve meses sin mí, sin Scarlet.

  Recordé la última vez que hablamos. Él dormía en la cama de Gerard y yo me encontraba sobre la repisa de la habitación…

  Suspiré. Y luego Gerard me asustó al abrir la puerta del piloto.
-Bueno, listo. Dicen hos doctores que debes seguir reposando
-Lo sé, gracias por recordármelo—dije tajante mirando el volante.
-¿Te gusta mi nuevo auto?
-¿Es nuevo?
-Claro que sí. El otro se hizo mierda cuando… ocurrió el accidente.
-Ah—hice una pausa y lo miré—Oye
-¿Qué?
-¿Todavía… vive Frank contigo?

2 feb 2012

My Murder: Capítulo 19

"Déjame ser el primero en decir que lo siento..."
(My Chemical Romance "Let me go on record, be the first to say I'm sorry")

-¿Helena?—fue lo único que logré decir con voz ronca.

Abrí los ojos, pero luego estos se me cerraron ante la blancura de la habitación, la luz que las lámparas del techo proyectaban era cegadora y mis ojos eran algo vulnerables. Así que decidí  seguir respirando con los ojos cerrados.

 Entonces me sentí viva de nuevo. Respiré. Inhalé y exhalé varias veces, disfrutando de la entrada y salida del bendito aire en mis funcionales pulmones.
   Percibí algo interesante…

  Podía oler. OLER la habitación, llena de medicinas con nombres raros  y algo de alcohol. Percibí con mi piel el frío de esta misma. Era sensacional, no podía creerlo. ¿Quién iba a creerlo?
Sonreí, parecía un sueño.

   Volví a tallarme los ojos recordando que ya estaba de nuevo viva, que debía despertar y que había alguien a mi lado.

  Mis ojos se acostumbraron a la fuerte luz blanca en cuestión de segundos, mismos que el chico a mi lado pasó viéndome despertar. Me incorporé sobre la camilla y miré mis brazos llenos de intravenosas y después sentí algo en mi pecho.
  Era mi pesado corazón. ¿Por qué esta vez sentía el peso de mi corazón? ¿Lo sentía antes cuando estaba viva en mi propio cuerpo?

-¿Helena?—fue él quien habló interrumpiendo mi primer contacto con el cuerpo extraño.

Fue entonces cuando lo vi. No era un muchacho, era un hombre. ¿Quizá el papá de la tal Helena? o tal vez… alguien que quiso asesinarme.

Vi sus ojos color entre esmeralda y miel llena de pavor. Esa sonrisa chueca y los dientes medio amarillos. No podía creerlo…

-¿Gerard?—mi voz era diferente a la de mi otro cuerpo, pero a pesar de que ese factor y otros muchos eran diferentes, juro que la cara del señor vestido de negro que estaba lleno de lágrimas a mi lado derecho, era la misma que la de Gerard Way. El hombre de 28 años que le ayudó a Mario a asesinarme.

¿Qué será ‘Helena’ de Gerard, que su estado lo hace sentir tan mal?

-Sí me recuerdas—murmuró mirándome aún con ojos rojos. Volteó a la puerta y comenzó a gritar emocionado--¡Enfermera, enfermera! ¡Está bien, enfermera! ¡Ella está bien!
  Se levantó y salió de la habitación corriendo muy alegre, como si de un niño en navidad lleno de regalos se tratara, dejándome sola acostada sobre esa camilla incómoda.


-Uhm… Helena Lee, 21 años, cabello negro, pálida como un vampiro o un muerto ¡jaja!—la voz de la pequeña Scarlet resonaba en las paredes de la blanca habitación de hospital—Aah… ¿qué más?
-¿Día del sarcasmo?—le pregunté recostándome de nuevo.
-Oh, estás fuerte ahora, Scar…--se acercó a mí--¿O debería decir “Helena”?
-No lo sé…
-Pues, acostúmbrate a ese nombre, a esa cara, esa voz y ese cuerpo moribundo. Porque es el que usarás en esta… “Misión imposible”
-tienes algo hoy… Esa clase de bromas no son normales en ti
-Sólo estoy feliz por ti, Helenita.
-Por favor, sabes que no me va a gustar.
-Tú lo sabías, y de todos modos aceptaste. Ahora no puedes echarte para atrás… A menos que quieras que Gerard sufra un colapso.
-¿De qué hablas?
-Ok, sigamos revisando los apuntes del jefe del quinto cielo—tomó una tabla de madera donde estaba un papel lleno de letras y letras, como una historia interminable
-¿Es su expediente o algo?
-Es… la historia de su vida—me sonrió
-¿Yo tengo una?
-Sí, Scarlet tiene una,--habló en tercera persona-- claro termina el día de tu muerte por una violación…
-Sí, sí. Ya lo sé—interrumpí para que no siguiera recordándome por qué estaba aquí.
-De acuerdo, sigamos leyendo—cambió de hoja y se concentró—De acuerdo, estábamos en Helena Lee, 21 años, piel pálida-jo, como un muerto-, una carrera de dibujo casi terminada, sin familia, solo amigos.
-¿Enserio, Helena Lee? … --suspiré-- ¿Razón por la cual está en el hospital?
-Helena, estás en el hospital porque padeciste de un coma muy grave—contestó ella haciendo que me confundiera.
-¿Qué?
-Te dije que debías acostumbrarte.
-De acuerdo—suspiré y pensé—Entonces, Helena… Bueno, yo, iba a morir hoy, pero llegó Scarlet y entonces ¿Tengo mi vida de nuevo?
-sí, Helena. Tu vida regresó—me sonrió—Qué bueno que logres asimilarlo, Scar—suspiró y tomó mi mano—Extrañaré llamarte así.
-yo también…


La pequeña Scarlet desapareció dejándome llena de más dudas y varias voces comenzaron a acercarse.
 Gerard fue quien entró primero muy apurado
-¿Lo ven? Despertó—me señaló y un par de enfermeras y el médico que acompañaban a Gerard me miraron sorprendidos.
-Esto es… es… increíble—susurró una de las damas de blanco
-Lo sé—interrumpió Gerard—Es como un milagro ¿Verdad?

Esperen. ¿Gerard Way creía en los milagros? O sea, el tipo que me asesinó… ¿Enserio mencionó esa palabra sin titubear?

-Si supieras que no fue tan mágico como crees—murmuré y por suerte nadie me escuchó.
   Gerard volvió a pararse a mi lado y tomó mi mano.
-Actúa como si lo conocieras y estuvieras feliz de haber regresado—escuché decir a la pequeña Scarlet, pero no la vi por ningún lado.

¿Yo, actuar? No es tan fácil querer hacerles ver que estás contenta cuando realmente sientes pánico, porque sabes que estás con uno de tus tres asesinos.
-Creo que si ella sigue progresando, podrá salir en un mes—dijo el doctor y antes de salir añadió— Revísenle los signos vitales. Sueros, la respiración… ya saben

Sonreí intentando actuar.
 Las enfermeras lo miraron salir por la puerta y sacaron a Gerard de la habitación. Me examinaron como si de dos científicos y una rata de laboratorio se tratara.

  Los tubos que entraban y salían de mi cuerpo los movían y eso me incomodaba de tal manera que no quería ni verles la cara. Me quitaron algunas agujas y esa máscara de oxígeno que me molestaba colgada de mi cuello.

-No te preocupes, corazón—dijo sonriente una enfermera—Todo saldrá mejor, ya verás. Siempre hay razones por las cuales seguir viviendo
  Su tono maternal me extrañó. Creí que las enfermeras eran groseras, porque siempre pensé que nadie quería trabajar como una.

-Sí, ya puedes dormir más tranquila. Espero hayas aprendido…--continuó la otra y ella sí fue algo dura
-Cállate, ni siquiera se lo recuerdes—dijo la primera golpeándole las costillas con el codo—Ya nos vamos, si necesitas algo, sólo toca este botón—añadió ella señalándome un círculo rojo pegado a la derecha en la pared.
-Bien—fue lo único que dije.

Casi no quería moverme, era extraño ya para mí volver a la vida. Tampoco quería hablar, la voz de Helena era diferente a la mía, un poco parecida. Algo aterciopelada pero al mismo tiempo tenía ese tono agudo que la voz de una mujer necesita siempre.

¿Cómo te sientes?, sonó su voz en mi cabeza. La pequeña Scarlet me hablaba por medio de mi mente humana.

-Rara, pero satisfecha—dije intentando acostumbrarme.
Muy bien. Gerard querrá volver a entrar
-¿Tienes más información?
Sólo puedes buscarla por ti misma, Helena. Dijo la pequeña y al decir el último nombre su voz tembló, tampoco lograba acostumbrarse.

-Scarlet…Scarlet ¿Sigues ahí?—susurré buscando entre el blanco de la habitación de hospital, pero nadie me respondió.
  Miré mis manos, estaban llenas de moretones. Abrí las sábanas blancas y también mis piernas estaban golpeadas. Mi rodilla izquierda tenía una cicatriz y los dedos de mis pies seguían oscuros.
¿Pero qué demonios…?

-Helena—me llamó desde la puerta y volvió hacia mé—Estás bien, qué bueno que hayas regresado. Creí que jamás volvería a verte sonreír
  Gerard tenía los ojos empapados y besaba mi mano.
-Estoy bien… No te preocupes. Y deja de besarme que me quedaré sin ella—le contesté refiriéndome a mi mano, tratando de olvidar que lo conocí el día en que morí.
-Extrañaba tu sentido del humor, hermanita
-¿hermanita?
-Sí—me sonrió—Helena, eres mi hermana menor, hija de otro padre, pero eres mi hermana. No bromees ni me digas que no lo recuerdas
-No, sí… Sí lo recuerdo—contesté fingiendo—Pero… ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué hospital es este?

  Entonces Helena Lee es media hermana de Gerard, quizá esa sea la razón por la cual jamás oí hablar de ella.
  La cara de ‘mi hermano mayor’ se crispó y luego se volvió seria. Se recostó a mi lado y comenzó a acariciar mi cabello
-No tengas miedo, Helen… No lo recuerdas porque el choque fue muy fuerte.
-¿Choque?
 Él suspiró y siguió con mi mentón.
-Helena, todo esto fue culpa mía—su voz era melancólica—Por favor, discúlpame
-Pero cómo voy  disculparte por algo que no sé
-Tengo que irme—Gerard se levantó rápido de la camilla y luego besó mi frente—Hablaremos luego ¿de acuerdo?
-no—dije tajante
-No te pongas así. Mejor duerme…--Sacó de su bolsillo un celular, tecleó algunas cosas y volvió a dirigirse a mí—Me voy, pequeña. Ah, por cierto, Frank te manda saludos.
-¿Frank?
-Sí, aunque parezca raro, sigue un tanto preocupado por ti
- ¿Frank… Iero?—pregunté titubeante. Esto se hacía cada vez más fácil.
-Sí ¿Hay algún otro Frank que conozcas en este pueblito de mala muerte?
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