28 jul 2011

My Murder: Capitulo 8

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"¿Y rezarias por mí?"
(My Chemical Romance "And will you pray for me?")

-¿Es él?-le pregunté a la pequeña de vestido azul quien apareció detrás de mí cuando comencé a seguir a Frank afuera de la capilla.
-¿Él, quién?-sonrió- Sí, Scarlet. A él le ayudarás… moriste para ayudarle.
-¿Por qué me necesita él?
-Razones que encontrarás  después. Síguelo-me susurró esto último mientras volvía a esfumarse.
“No tengo nada que perder, ja. De hecho me siento perdida ahora…” pensé para mí.
Así que lo seguí de cerca. De hecho estaba a su lado.
Su rostro estaba hinchado y rosado. Como… si hubiera llorado por horas.
Sus mejillas estaban abarrotadas de la sal de las lágrimas secas. Su nariz seguía roja y caminaba mirando el suelo, como si por cada pisada una ilusión en aquél bello rostro se apagara.
-Por Dios, soy un monstruo—murmuraba con voz melancólica--¿Por qué lo hice? Diablos, soy escoria. Soy… soy… un don nadie—suspiró—Todo lo hago por mí, siempre lo hago por mí. ¿Qué tenía yo que meterme en el negocio de Mario? Soy un estúpido. Nadie merece ser asesinado. Nadie…
Caminó hasta el cementerio donde todos esperaban a que mi ataúd fuera descendiendo por la tierra del lugar.
 No estoy seguro de hacer esto” Pensó Frank. Su mente pertenecía a la mía, como una rara conexión entre él y yo.
“Voy a hacerlo, debo hacerlo… al menos para darle un buen descanso a su alma”
Entonces, con una rosa blanca en la mano derecha y mi collar, aquél que había tomado el día de mi muerte, se dirigió hacia donde solo mi abuela, mi amiga y mi amargada tía se encontraban para verme bajar entre tierra y pasto.
Pobrecillo, se ve que si está arrepentido. Pensé.
¿Será que deba perdonarle y ayudarlo como esa pequeña me dijo?

Cuando llegó donde mi ataúd, mi abuela susurró algo a Magda.
-Mira. Ya llegó su novio. Pobre muchacho, la ha de extrañar mucho. ¿Te imaginas perder a alguien a quien amas de verdad?
Mi amiga se quedó anonadada por el comentario de la abuela. Era obvio que Frank no era mi novio. Ni siquiera recuerdo haber hablado con él alguna vez. Pero lo más extraño es que recuerdo haber visto ya esos ojos antes.
Entonces Magda se acercó a Frank.
-¿Quién eres tú?-preguntó en un murmullo casi inaudible.
-¿Yo? Nadie… soy un simple chico que la conocía.
-¿Por qué su abuela dice que eres su novio?
-Ah… está confundida. No te preocupes, Scarlet nunca te escondería nada a ti, y menos si se tratara de un muchacho—le sonrió—Ahora guardemos un poco de silencio.
Mi amiga solo se confundió más.
Frank volvió a ruborizarse, pero esta vez no se notaba tanto, sus pómulos ya estaban rosados desde antes por el llanto.
Cuando mi ataúd comenzó a descender mientras mi abuela rezaba, Frank besó la rosa y luego la aventó logrando que cayera justo en medio de esa caja de madera. Se puso mi collar de forma discreta y le dio un beso también.
-Dios te bendiga. Y espero algún día me disculpes por ser cómplice de todo esto—dijo, se despidió y se fue.
Enserio me necesitaba. Se sentía horrible ver a alguien que no conoces sufrir por tu muerte.
Lo seguí de nuevo. El día comenzaba a nublarse, las densas nubes se veían regordetas ya para que en cualquier momento decidieran soltar el agua con que estaban llenas.
Llegó a una casucha vieja y tocó la puerta.
-Soy yo…
-Pasa-dijo Mario desde adentro.
-gracias, ya estaba haciendo frío—comentó ya dentro de la casa.
De nuevo no logré mirar bien a Mario… siempre ese impedimento me causaba cólera. ¿Por qué diablos no me dejaban verlo bien?
Entonces, la pequeña apareció de nuevo y tomó mi mano.
-¡no, espera! Tengo que ayudarle. Por favor, pequeña. Déjame quedar para saber algo más de él… quiero saber algo más, por favor—supliqué
-No puedo, Scarlet. Debemos irnos, regresaremos después, lo prometo.
-Es obvio que regresaremos. Si no me dejas yo lo hare…
-no te pongas así. Debemos obedecer las órdenes del jefe.
-Está bien.
Y de nuevo todo se movió ante mis ojos.
De pronto tuve un recuerdo. En vez de ir a otro lugar mejor,
nos encontrábamos en aquél bosque cerca de la escuela donde todo esto comenzó…
Me veo a mi misma caminando sobre la orilla de aquél frondoso bosque. Llevo mis cuadernos.
Camino preocupada… y entonces, recuerdo todo mejor…

13 jul 2011

My Murder Capitulo 7

"Hasta luego y buenas noches"
(My Chemical Romance)

Al día siguiente me encontré sentada sobre una banca en frente de una capilla. La cual siempre me dio miedo desde que era pequeña.
  Era el lugar donde mi abuela siempre iba a rezar, lo hacía siempre que lo creía necesario…
Recuerdo que cuando yo la acompañaba, siempre había un niñito de mi edad sentado sobre esta misma banca de cemento. Siempre estaba dudoso de entrar, él solo miraba pasar a las personas. Me parece que siempre esperaba a su madre salir, pues siempre se iba junto a una mujer hermosa y sonriente… Nunca le hablé, la timidez me ganaba, sigue sucediendo.
  Me levanté de la banca y de inmediato la pequeña de moretones parecidos a los míos y vestido apareció.
-Buenos Días, Scarlet—saludó sonriente.
-¿Qué tienen de buenos?—pregunté con sorna.
-Tienes razón de estar molesta, Scar. Y más el día de hoy.
-¿Por qué? ¿Acaso me mostrarás mi cuerpo desnudo y abierto como si fuera un experimento? Ah, no espera… eso ya lo hiciste
     La pequeña solo me miró seria
-Entiendo que saques tu molestia en forma de sarcasmo también… Así que por ello, no te diré la razón por la cual estás aquí—soltó una risita—Lo descubrirás tú
y de pronto desapareció.
-¿Yo sola? ¿Qué diablos…?—dije al aire después de que ella se fue.
Entonces algo me dijo que debía entrar en ese lugar.
Se escuchaban sollozos…
Un auto se estacionó sobre la acera justo enfrente de la puerta del lugar… Y luego, un ataúd fue sacado de la parte trasera… Un ataúd verdadero, color rojo oscuro con adornos extraños… Un ataúd de mi medida. Mi ataúd.
-De nuevo enfrento yo sola—murmuré mientras seguía a esos seis hombres con la mirada.

Cargaban esa caja conmigo dentro, no parecía que estuviera pesada. Se metieron serios hasta el altar de la capilla donde, a un lado, había un gran crucifijo postrado.


-De nuevo yo sola  me miro muerta—dije mientras los seguía.

Me senté sobre una butaca de madera ahí dentro. La iglesia pequeña era tan fría como la recordaba, tenía las mismas imágenes que siempre. Nada había sido restaurado. Era como si el tiempo ahí no hubiera pasado y nada se hubiera deteriorado…
En unos instantes se llenó de gente. Familiares y conocidos de la abuela se sentaron al inicio. Y las otras personas-quienes eran completos extraños para mí-estaban hasta atrás admirando el espectáculo.
  Dos mujeres altas y delgadas comenzaron a adornar alrededor de mi ataúd, el cual aún seguía cerrado. Pusieron rosas blancas y unas rojas, luego un gran retrato mío fue puesto detrás de esa caja roja. Y después solo rociaron perfume… realmente no sabía a que olía aquello, ya no tenía la misma sensibilidad que cuando estaba viva.
Contemplé mi rostro vivo en ese retrato.
Así era yo antes de…esto-pensé—Supongo que he de acostumbrarme—suspiré.


Minutos más tarde mi amiga Magda apareció en el marco del portón de la capilla, tomada del brazo de mi abuela quien tenía ojeras y la sal de las lágrimas ya secas de la noche anterior sobre sus arrugadas y frágiles mejillas, su rostro estaba triste, no se veía aquella lucecita de esperanza en sus ojos como antes. Esto hizo que mi estómago se estremeciera, sentía culpa. Era por mí su tristeza, yo nunca quise que ella sufriera por mí.
Comencé a caminar alrededor de toda esa gente sentada sobre frías bancas de madera.
Rodeé todo el lugar escuchando conversaciones…

-¿Por qué estamos aquí, mami?-preguntó un niño
-Es la despedida de una joven del pueblo, hijo—respondió la madre
-Pero no la conozco…
-No… yo tampoco
-Tengo miedo… Hay una joven de mi lado izquierdo observándonos—comentó el nene mientras señalaba el lugar donde yo estaba. Miré a donde su dedo apuntaba, y solo estaba yo, también su madre volteó
-¿Quién, hijo? No hay nadie
-Es ella ¿verdad? Se parece a la chica de la fotografía
Esto me asustó y regresé donde mi ataúd me esperaba.
Me paré justo al lado izquierdo, esperando a que algo sucediera.
~
Cuando el sacerdote terminó de hablar y dar su sermón sobre dejarme ir de la tierra, mucha gente de la que no conocía comenzó a salir del lugar después de hacer esos signos sobre su frente, luego su estómago, sus hombros y luego besar la pequeña cruz que formaban con los dedos… Amén


Muchas otras personas se levantaron para despedirse de mí… y fue ahí cuando mi engreída tía volvió a hacer su aparición llamando la atención.
-Disculpen ustedes, pero el ataúd de Scarlet no se abrirá. El estado en que se encuentra no es adecuado para que alguno de ustedes lo vea—dijo sonriente—gracias por su atención.
Comenzaron los murmullos y luego se formaron en una fila para hacer… lo suyo.
La primera fue, obviamente, mi abuela.
-Que Dios te bendiga, hijita—su voz sonaba triste aunque ya no lloraba—Sabes que te quiero y siempre te tendré en mi corazón, pequeña. No dudes en venir a cuidarnos…--trató de sonreír—Ahora eres ese angelito en el cielo que siempre necesité...
Su pequeño discurso fue interrumpido por la voz arrogante de otra anciana que se abría paso entre la gente para llegar donde mi abuela.
-¿Qué lloras?—dijo con una voz grosera—Mírala, está ahí acostada vacía, sin vida… ¿Por qué lloras? ¿No era una carga más en tu vida?—le dijo llena de odio mientras abría el ataúd dejando ver mi deshecho rostro. Esto atrajo a muchos y se amontonaron para poder verme demacrada.
-¡No!-gritó la abuela- No hagas esto más difícil… Por favor—comenzó a sollozar. Mi amiga Magda corrió a su lado y cerró el ataúd.
-No hay nada interesante que ver aquí, gente—dijo de forma autoritaria—El Espectáculo ha terminado. Lárguense si no conocen a Scarlet. Y quien lo desee, lo esperamos en el cementerio del pueblo en menos de dos horas ¿Entendido?


Entonces la mayoría se salió de ahí y la capilla quedó medio vacía.
-Usted también váyase. Solo trajo más problemas—regañó a aquella mujer que lastimaba a la abuela, mientras ésta seguía en el suelo llorando, de nuevo.
~
Una hora más tarde todos se encontraban en el cementerio. Menos una persona…
Todos se habían ido hacía unos minutos, pero yo me quedé. Podía llegar a ese lugar en menos de lo que cantaba un cuervo…
El sacerdote también salió.
Me encontraba cerca de ese crucifijo que siempre me dio miedo. Pero hoy no.
Comencé a meditar lo sucedido.
Un colchón, mi sangre, un hombre con voz tenebrosa.
Luego un supermercado sucio con prostitutas de cabellos enredados y teñidos de diversos colores. Mi sangre sobre el suelo.
Un hombre obeso hablando de mí sin que yo lograra reconocerle.
Después un lago y en medio mi cuerpo yaciendo y sangrando. Luego Gerard diciéndole a Frank que no debían acusar a Mario.
Frank pensando en mí…
Mi sangre corriendo de nuevo sobre el agua.
Una niña pequeña tratando de ayudarme.
Luego mi abuela llorando y mi amiga consolándola, tratando de ser fuerte.
Acto seguido mi autopsia.
Y hoy… mi funeral con un final espantoso.
No podía creerlo. Todo esto ¿Enserio me estaba sucediendo a mí?
De pronto escuché pasos saliendo del lugar.
Miré hacia la puerta, estaba la silueta de un muchacho, no muy alto. Vestido de negro… Miraba al cielo.
-No quise hacerlo. Yo y mi egocentrismo—murmuró.
Era Frank… había asistido a mi funeral.

Qué detalle, pensé.

18 jun 2011

My Murder: Capitulo 6

"Y estas palabras no cambian nada si ya estás muerta."
(My Chemical Romance)


¿Mi… mi autopsia?
-¿Por qué habría de estar presente en mi autopsia?
-Sabemos que la vida… o… la muerte no es justa, a veces sí. Pero debes ser fuerte, Scarlet—su rostro se mostraba serio.
-¿Qué va a pasar, pequeña?—me incliné un poco para verla a los ojos. No quería que me mintiera.
-Recuerda, Scar: responderé lo que tenga que responder, pero no siempre lo que tú quieras.
-Sí, sí… blah. Tus acertijos me dan más jaqueca.
-Entonces…que comience el espectáculo.
~~~
De inmediato la habitación se llenó. Mi cuerpo estaba ya abierto, yacía sobre una camilla con sabanas azules.
La niña de vestido azul y roído, como el mío, me tomó de la mano y me sonrió. Esto último me brindó más confianza de la que yo pudiera necesitar.
-Todo saldrá bien. Esto es para que sepas sobre lo que ha sucedido, Scar.—volvió a sonreírme, esta ocasión lo hizo con menos ganas.
Luego, desapareció.
¿Sola? ¿Debo ver esto sola?
Me sentía como en aquellos días en los que iba al dentista y mi madre salía del consultorio para que el médico hiciera su trabajo. Estaba nerviosa, no quería verme sangrar, no quería verme así de nuevo. Pero tenía que hacerlo. Tenía que “Ser fuerte” y observar la forma en que gente extraña iba a examinarme.

Es extraño ver cómo es que examinan tu propio cuerpo, como en un sueño pero esto es verdad, de una manera tan exagerada: mi cuerpo era la “escena del crimen” y tenía pistas.
Comencé a sentirme incómoda. Un médico abrió todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta el otro extremo. Quise salir de ahí, tenía ganas de huir. Pero algo me detenía, era como si me hubieran pegado los pies al suelo.
Esto es algo muy fuerte... algo que ni a mi peor enemigo le deseo que viese...
Esta es la primera vez en la que estoy en un quirófano o algo parecido. A mí en vida, nunca me operaron de nada, al único hospital al que fui, fue el de mi hermana...
Ahora yo solo veía como mi cuerpo era abierto por la mitad. Es tan... repugnante, nunca creí que diría algo así sobre mi... pero es la cruel realidad... mi cuerpo chorreó de sangre aquella noche, y desde ahí, no he parado de preocuparme...
Pude ver mis órganos internos; logré ver mi corazón en medio de esa cavidad, mi costilla... : ese corazón encerrado en esa cárcel huesuda había dejado de funcionar desde hace horas, todo se veía enserio asqueroso...
Vi mis pulmones... lo cuales, al igual que el lastimado corazón, no funcionaban... Abajo: mi estomago, páncreas, hígado etc... Casi amontonado, pero de alguna forma se veía acomodado... es extraño. No contaré mas, por dos razones: una, no recuerdo los nombres de los demás órganos humanos, no quiere decir sea boba, solo que desde que fallecí, perdí algo de conocimiento, a veces ni siquiera se si esto es un sueño... y dos: esto está realmente nauseabundo. Estoy segura que si reviviera en este instante, comenzaría a hiperventilar y luego saldría rápido del lugar para vomitar. Pero, por fortuna no estoy viva.
Cicatrices, moretones, sangre por aquí y allá. Mi piel estaba lastimada. Me di lástima.

-Tiene lastimado el cuello uterino—dijo el médico a los demás—Saben lo que significa ¿No, chicos?—preguntó en un tono lúgubre.
Suspiró y añadió:
-Pobre chiquilla. No se merecía esto…--me acarició el cabello.
Una practicante que se encontraba ahí comenzó a llorar.
-No puedo creerlo. ¿Por qué el mundo debe ser tan cruel?—sollozaba.
-Cálmese, señorita. Este es nuestro trabajo—le llamó la atención el médico.
-Discúlpeme. Pero yo no soportaría tanta tortura. Tan solo mire su estómago, tiene horribles hematomas. Sus brazos muestran latigazos, sus muñecas… sus tobillos … aquella extremidades fueron amarradas con algo muy fuerte. Pobrecita.
-Ahora debemos decir lo que le sucedió a la policía.
¿Qué me sucedió? ¿Por qué no me lo dicen?
~~
De pronto todo me dio vueltas.


Y llegué a la sala de espera, ahí estaba sentada mi abuela. Lloraba con más fuerza que hace un día.
-¿Por qué tenía que pasarle esto a mi chiquita? ¡¿Por qué?!
Un muchacho de ojos claros la abrazaba.
Era él. Frank abrazaba a mi abuela.
¿Qué hacia él aquí?
De pronto los médicos llegaron… iban a darle el reporte de mi situación.
La cosa era que yo no quería saberlo. Simplemente no quise… y entonces salí de ahí desobedeciendo las indicaciones de la niñita.
~

Media hora después escuché los gritos desgarradores de la abuela, suplicaba a Dios que esto fuera un sueño, pero sabemos que no lo era… Simplemente no lo era.
Me senté sobre una rama de un gran árbol afuera del hospital.
-¿Por qué a mí?
Me repetí durante treinta minutos. Nada me daba una buena respuesta.
De pronto Frank le susurró algo que me hizo sentir como algo y no como alguien.
-Usaron su cuerpo. Lo sé, señora, lo sé—le decía calmándola—Pero lamentablemente el índice de las violaciones en niñas de quince años han subido de número y más en este pueblo triste y pobre…

Violada.
Me violaron antes de fallecer.

Comencé a llorar, me cubrí el rostro, odiaba que me vieran llorar. Yo nunca lloré. Ni siquiera cuando mi melliza falleció lloré; por esta razón todos pensaban que yo la había desconectado, pero no fue así, yo no haría tal cosa. Tampoco lloré medio año antes de eso, cuando mis padres fueron asesinados por Mario. Nunca lo hice. No como hoy.
Mientras me cubría y sollozaba por mi situación, sentí que algo me abrazaba.
-Ya, ya… no te quiebres, Scar. Ya pasó, ya pasó—me decía la pequeña con voz dulce, sonaba como mi madre en tiempos de lluvia y relámpagos—Tienes todo el derecho a estar asustada…
-¡Cállate!—le grité, estaba furiosa, no quería que ella me ayudara, de todos modos yo fui quién se quedó—Me obligaste a ver todo eso, ¡escuincla malnacida!
La niña se espantó ante mi reacción.
Una lagrimita salió y la secó cuando llegó a su mejilla.
-Sh… sh…--le tomé la mano—Discúlpame nena. No quería asustarte, mira… ya me calmé. –Me sequé las lagrimas y sorbí la nariz—Ya no llores tú tampoco.
Sus labios se curvaron solo un poco.
Me abrazó.
-gracias, Scar. No te preocupes, yo también sé lo que es estar solo. Te busqué por medio año yo sola…
Entonces de nuevo todo se movió de lugar. Estábamos de regreso en la sala del hospital.
-¿Qué hago aquí?
-Solo mira
Frank seguía consolando a mi abuela. Nadie más estaba con ella.
-¿Cómo pudieron hacerle esto a mi niña?
-Fueron unos malditos, lo sé señora…
Los ojos de Frank se cristalizaron.
“¿Por qué diablos estás tú aquí?” Le susurré.
-No lo sé—me respondió…
Un momento ¿Me respondió?
-No sé por qué le hicieron eso, señora…--siguió con su respuesta.
-Eres un buen muchacho. Te ves mayor que ella. ¿De dónde la conociste?
-En la misma escuela…
-¿Seguro? No te recuerdo.
-Ahora eso no interesa, señora.
-Hijo… Quiero irme de aquí. No lo soporto.
-claro, deje le llamo un taxi.
-Muchas gracias, joven. Apuesto a que eras su novio y jamás me lo dijo.
Frank se ruborizó por la suposición de mi abuela.
-No, señora. Yo no era su novio—dijo
“Lamentablemente” pensó.
-¿Eras un amigo?
-Sólo puedo decirle que era alguien demasiado cercano a ella—concluyó mientras la abuela se metía al taxi.
Mentiroso, murmuré mientras él comenzaba a caminar entre el frío de la noche para entrar al hospital de nuevo.
Se sentó sobre una banca en el jardín. Se tomó la cabeza con ambas manos y segundos después comenzó a llorar.
-No fue culpa mía, Scarlet. ¡Perdóname! ¡¡¡Perdóname!!!—comenzó a implorar a los cielos.

“¿Perdonarte? ¿Por qué habría yo de perdonarte? Eres un bastardo, primero me acosas, luego me asesinas junto con ese hombre obeso y luego… cínicamente vienes a acompañar a la abuela a ver los resultados de mi autopsia. ¿Qué te sucede? No puedo perdonarte, Frank

Le dije mientras su vista se perdía entre el césped ya mojado por las pequeñas gotitas de agua de cielo que comenzaban a caer…
-No quise hacerlo. No quería que esto pasara. Yo no fui... Lo siento.—susurró al aire.

12 jun 2011

My Murder Cap 5 "A little piece of heaven"

"Un pedacito del Cielo"
(Avenged Sevenfold)

Amanecí dormida sobre aquella roca fría en medio de la laguna…
Mi cuerpo estaba ahí, muerto, sangrante, sin vida sobre el agua.
-Un día de fallecida…. —murmuré mientras me levantaba.
Había una pequeña brisa en ese lugar que levantaba mi cabello y golpeaba mi rostro.
Me di cuenta que no sentía nada… no sabía si la brisa era tibia o fría. No lo sentía.
De pronto, algo me obligó a cerrar los ojos.
Lo hice.

La tierra debajo de mis pies se movió, y en un santiamén abrí los ojos y me encontraba sobre un verde pasto… era un gran campo.
*****

El cielo tenía un azul intenso, las nubes eran delgadas y blancas completamente. El sol brillaba orgulloso.
Al otro lado del hermoso cielo que contemplaba se veía la luna, lo cual era extraño. Así que no sabía si era de día o de noche en ese lugar.
“Este no puede ser un sueño mío… no puede ser… Sí he muerto.
No siento nada, no me ensucié cuando me resbalé en mi propia sangre.
Estoy muerta de verdad…”
De pronto algo jaló la falda del vestido blanco percudido que usaba.
Miré hacia abajo. Era una niña pequeña.
Lo más extraño era que, se parecía mucho a mi hermana. Solo que esta niña tenía los párpados hacia abajo, como si estuviera triste. Su vestidito azul marino estaba igual de roto como el mío.
Me sonrió y yo me quedé atónita ante su presencia, pero no sabía la razón.
-¡Hola, Scar!—dijo llena de júbilo. Acto seguido, me abrazó de manera afectiva.
-¿Hola?—dije mientras miraba su cabecita sobre mi estómago.
Me soltó.
Me miró detenidamente. Miró mis brazos raspados, mis rodillas con cicatrices… mi vestido roído. Miró mi cara y luego acomodó mi cabello.
Su rostro se crispó.
-¿qué te pasó? Te vez demacrada.
“Ya me había dado cuenta” pensé.
-Yo… no lo sé… --balbuceé. Y no hice caso a su pregunta--¿Quién eres, pequeña?
Sonrió orgullosa.
-Soy quien va a ayudarte.—ella seguía examinando mi cuerpo, lo cual hizo que yo empezara a verme de igual manera.
Acerqué mis brazos a mi cara para ver mejor; estaban llenos de moretones. Mis muñecas tenían muestras de cuerdas.
Después mi agaché para ver mis piernas. Tenían cicatrices gigantescas, también mis tobillos habían sido amarrados y mis muslos tenían líneas rojas: latigazos.
Adivinó lo que estaba pensando.
-Al parecer te torturaron antes de fallecer ¿eh?—lo dijo con tanta naturalidad que me hizo asentir con la cabeza de inmediato.—Ahora te dolerá la cabeza
Y así sucedió.
Era como una migraña muy fuerte. No lo soportaba… Me tomé la nuca.
Luego miré mis manos.
SANGRE

-Sí, Scar. Tienes un gran golpe. No creo que hayas tardado en irte.—seguía diciendo de manera tranquila. –Ven, agáchate—así lo hice.
Tomó mi cabeza—Auch. Enserio te hirieron. ¿No te dolía ahí abajo?
-¿Abajo, donde?
-En la tierra de los humanos.
-No
-Bueno, se te pasará. Te dejarán de doler los golpes si te quedas. Es solo un pequeño lapso de tiempo en lo que te acostumbras a este lugar.
-¿Qué es este lugar?
-Aquí vienen las almas acabadas de morir, Scarlet.—tomó mi mano.—ahora debemos resolver tu problema.—Me hizo caminar.
-¿Qué hago aquí?
-Estás aquí para aprender. Moriste para ayudar a alguien.
¿Ayudar a alguien?
Esto me parece una broma.

-Y soy “la elegida” y entonces me volveré inmortal. ¿No?—me burlé de lo que dijo. Es que, ¿Cómo iba yo a ayudar con mi muerte?
-No Scarlet. No te burles. Esto es serio, y si no lo tomas así, entonces te quedarás aquí y tu dolor físico no desaparecerá.
Sonaba muy seria. Entonces le creí.
-¿Entonces qué debo hacer?

****
De pronto llegué a la sala de mi casa.
La abuela estaba llorando desconsolada sentada sobre su silla mecedora mientras miraba un retrato mío.
En la cocina se encontraba mi tía, la hija mayor de la abuela. Y una de mis mejores amigas salió de mi habitación. Sus pequeños ojos color marrón estaban llorando, su cabello enmarañado seguía mostrando lo fuerte que parecía… Magda, mi mejor amiga estaba llorando por mí…
-¿Dónde estará mi Scar?—decía la abuela.
-No te preocupes, mamá, de seguro ha de estar de fiesta en fiesta—le dijo mi tía.
-¿Cómo crees? Ella me hubiera avisado.
-Ella ya tiene quince años, ma… entiende que a veces no seguirá todas tus órdenes… y menos ahora.
-¡Callate!—gritó la abuela—Mira, no dejaré que tú hables así de mi niña. Yo tengo sus papeles, sus padres la dejaron conmigo hace dos años. Su hermana acaba de fallecer, ¿no lo entiendes?



Magda entró a la sala.
-¿Cómo podría ella estar en una fiesta sin mí?—le preguntó a mi tía mientras sollozaba.
-No lo sé
Mi tía se fue indignada. Al parecer odiaba que me prestaran atención.
-No me sorprendería que se haya…suicidado… ay, mi chiquita—dijo la abuela llena de preocupación…
-No se ponga así, señora. Pronto sabremos algo de ella. Este pueblo de mala muerte es muy pequeño. Ella nunca salió sola más allá de la frontera.
-tienes razón…  El comisario Leto  es un buen hombre. Sé que la encontrará
-Bueno. Quiero que se calme y que descanse, por favor—le pidió Magda—Ya debo irme. Hasta luego—le dio un beso en la frente.
-Adiós, Mag. Cuídate mucho y me saludas a tus padres.
La abuela se quedó sola dentro de la sala abrazando mi retrato.
Intenté abrazarla, no quería que se pusiera así, ella debía ser fuerte.
Cuando traté de poner mis brazos sobre sy cuerpo, ella comenzó a temblar.
Traspasándome se levantó y cerró la ventana.
-hace un poco de frío…
Después se metió a su recámara y distendió su cama.
-Espero soñar contigo, querida Scarlet—murmuró con un tono lúgubre. Cerró los ojos…
La dejé descansar y me fui a vagar por el frío pueblo.
***
Llegué a la laguna de nuevo. Pensé en despedirme de mi propio cuerpo.
Pero me di cuenta que la laguna estaba abarrotada de gente y autos.
-Afirmativo. Es ella, la encontramos—decía un hombre delgado de ojos azules.
Miraba mi cuerpo lleno de preocupación. Se levantó y su cuerpo atlético pudo verse mejor.
Era Leto.
-Llévenla a donde puedan investigar lo sucedido.
-Bien, señor.
Varios hombres me levantaron con cuidado y me metieron a una especie de bolsa blanca.
****
De nuevo la tierra se movió sobre mis pies y aparecí dentro de una habitación fría y blanca.
-Scarlet. Debes ser fuerte. Si no logras sobrellevar lo que acontinuación sucederá, entonces el camino hacia tu descanso sería algo interrumpido—la niña apareció a mi lado
-¿Qué es este lugar?
-Tu autopsia.

9 jun 2011

My Murder Cap 4 "There's no room in this hell, there's no room in the next"

"Lecciones de Ahogamiento"
(My Chemical Romance)

No sé quién demonios era Gerard, pero también recordaba su voz. “Ah, es el tipo que vino a vigilarme,” pensó Frank.
  Entonces se trataba de mi tercer asesino.
-¿Gerard?—respondió Frank confundido—Yo no conozco a ningún Gerard.
  El joven alto y de tez pálida, usaba la ropa toda negra, un par de converse rojos que contrastaban y una gorra de lana le cubría la cabeza y la orejas.
  El mencionado se acercó a Frank quien tenía mi maleta ya en el suelo.
-¿No me recuerdas? Acabamos de trabajar juntos. —respondió desoncertado.
-¿Eres el que la sostenía de los brazos?
-Shhh… shhh—le indicó de repente— ¿No sabías que su espíritu puede escucharte y vengarse de mí?—rió bromeando.
Frank abrió los ojos como plato creyendo lo que Gerard decía. — ¿En serio?
-No es cierto—echó una fuerte carcajada—¿Crees tales patrañas?
-No—respondió en seguida mientras llevaba la maleta cerca de la orilla de la laguna.
Yo seguía sobre la gran piedra. Gerard le siguió con la mirada.
-¿Qué haces?
-¿Tú crees que quiero hacer esto, Gerard?—Dijo Frank con sorna.
-No, pero tienes que.
-¿Por qué?
-Porque Mario lo ordenó. ¿O no?
-Sí, eso hizo. Hizo lo mismo de siempre; ordenar y salir inocente de sus malos actos.
-De todos modos ya está muerta. No interesa.—Gerard era un tipo sin emociones… o tacto. Su comentario hizo a Frank soltar la maleta y cerrar ambos puños con enojo.
-¡No está solo muerta! ¿Entiendes? Gerard, era un ser humano como tú y como yo. ¿Qué sucedería si esto te lo hicieran a ti?
-¡NO-IN-TE-RE-SA! Diablos, Frank, te exaltas demasiado, ella era una chica más entre tantas de este vasto mundo—Gerard se acercó a él y tomó la maleta—Lo haré yo, si quieres.
-Como quieras—le dijo Frank viendo al oji-verde con molestia.
El muchacho más alto y, por supuesto, más viejo de los dos, abrió la maleta.
-Y… respondiendo a tu pregunta. No me importaría a mí tampoco que me hicieran esto o algo peor, supongo que lo merezco. Siendo cínico déjame decirte que soy un vil bastardo que se la pasa asesinando gente—sonrió—Así como tú, yo empecé con miedo, pero luego te acostumbras al trabajo. Después sus grotescos cuerpos no aparecerán en tus sueños y no te atormentarán…
-Yo no tengo miedo—le interrumpió.
-De todas formas, no podemos hacer nada por ella—hizo un puchero y me miró dentro de esa caja vieja—Espero tenga un buen descanso
“Oh, claro… mírame cómo descanso” le dije al oído con sorna.
-Uuy, hace frío ¿no?—Los dientes de Gerard temblaron.
-Algo—contestó el menor de manera indiferente. —Pobre Scarlet.
Dijo esto último en un susurro casi inaudible.
-Tienes razón, pobre chica—afirmó Gerard—. Pero es nuestro trabajo.
Frank se quedó pensando.
-¿Tú crees que Mario sea un buen hombre?—Se interrumpió—Quiero decir…  ¿Qué en el fondo de él, muy en el fondo, sí se sienta culpable, aunque sea un poco, de todo lo que ha hecho?—dijo Gerard tratando de imaginar lo que su compañero pensaba
-No. —Respondió el más joven.
-¿Ni poquito?
-No. —repitió mi joven asesino.
-¿Por qué?—preguntó sorprendido el otro, quitándose la gorra de lana.
-Porque es un bastardo igual que tú.—Contestó el menor sin cuidar sus palabras.
De repente una mano golpeó la mejilla de Frank.
Gerard se veía alterado—¿Cómo puedes expresarte así del hombre que te da un techo donde vivir?—le gritó en la cara.
-¿Qué te pasa, imbécil? ¿Por qué me golpeaste?
-No dejaré que hables así de Mario. Él es tu…
-Tutor. Lo sé—suspiró—es la cosa más horrible que me haya podido suceder en la vida. A veces preferiría morir.

 -¿Sabes qué? Me largo. No pienso terminar con esto.—Entonces Frank abrió la puerta del auto listo para irse y Gerard lo detuvo dejándome tirada sobre el pasto como basura.
-¡No puedes irte!
-¿A, no? Sólo mírame.—Lo retó, tomando las llaves del auto de su bolsillo.
El menor planeaba conducir muy lejos, pero el otro lo tomó por los hombros y lo volteó, quedando así ambos viéndose  frente a frente.
-Mario te culpará—musitó con una media sonrisa
-Mario me culpará—repitió mirando a la nada.
-Sí.
-Oye…--musitó mientras pensaba—¿Alguna vez…?
-¿Qué?
-No. No, olvidalo.
El mencionado lo levantó del suelo mostrando que quería saber lo que pensaba.
-Está bien, está bien…--se aclaró la garganta--¿Alguna vez has pensado en acusar a Mario por sus… asesinatos?
-¿Qué quieres decir?
Gerard bajó a Frank y soltó sus hombros.
-Sí. ¿No has sentido ganas de delatarlo para que lo metan a prisión y te deje en paz?
-Alguna vez—le dijo indiferente—Pero ahora no sé. Como que ese olor especial a sangre humana…
-¿te gusta?
Frank estaba asqueado, hablar de sangre y asesinatos con asfixias le ocasionaba un gran remolino en el estómago.
-Sí. Comienza a gustarme. Aparte… eres un idiota.
-¿Idiota?
“Yo diría que eres el imbécil menos útil del planeta, Frank” dije en su oído. Él se estremeció.
-Sí, un gran y completo idiota, Franquito. Si nosotros le culpamos de este asesinato… ¿qué crees que él haría?
-No sé.
-¡Él Nos Acusaría De Cómplices!
Gerard lo empujó. Estaba realmente desesperado.
-¿No lo entiendes, Frank? Estamos tratando con el criminal más buscado DEL ESTADO. No lo buscan sólo en el condado o en la ciudad de junto, lo buscan en todo el estado. Y para cometer tantos crímenes sin mancharse las manos y al mismo tiempo ser perseguido por tantos, se necesita ser realmente listo, y vaya que Mario lo es.
-Tienes razón. Olvídalo. —Frank guardó silencio. Temeroso, cerró de nuevo la puerta del auto oscuro y acompañó a Gerard a dejarme sobre el agua.
  Gerard me tomó de los pies con cuidado y Frank cargaba mi torso.
-¿No crees que se ve sexy con ese vestido blanco?—Le preguntó Gerard, asomándose debajo de la tela, cruzando la mirada entre mis piernas. Sólo sentí un escalofrío.
-¡Cállate y camina!—Frank se ponía a la defensiva muy rápido.
-Calmado, sólo era una broma.
-Tienes un humor muy negro ¿lo sabías?
-Sí. Es algo que se aprende con el tiempo.
  Ambos me dejaron en la orilla. En silencio, ambos se quedaron ahí a contemplar cómo las débiles olas se llevaban poco a poco mi cuerpo.
-Que Dios la bendiga—musitó Gerard, persignándose.  Frank siguió en silencio, ocultando una lágrima.
 De repente sentí un viento fuerte. Algo me hizo volar, haciendo que la imagen de ambos asesinos en la laguna se hiciera borrosa.

8 jun 2011

My Murder Cap 3

"All The Little Pieces Falling, Shattered..."
(Amy Lee and Seether- Broken)


Aún no recuerdo lo que sucedió antes de todo eso. Ahora soy un simple fantasma persiguiendo mi cuerpo para conocer la verdad.  ¿Cómo podré saberlo?
¿Acaso eso del Paraíso o el Infierno no es verdad? ¿Por qué el mal o algún ángel bueno y blanco vienen a visitarme para llevarme a alguno de esos lugares?
¿Será que todas las almas están destinadas a quedarse aquí por siempre hasta que se deshagan sus cuerpos por completo?
**
  El jefe le había dicho a Frank que levara mi cadáver a donde nadie pudiera encontrarme. No sé a dónde íbamos, pero Frank conducía más lento, como si el tiempo de mi putrefacción no interesara.
 
 La noche que minutos antes era oscura, que comenzaba a aclararse con la débil luz del sol que apenas salía con lentitud.
 Frank apagó el automóvil. Antes de bajarse, miró en el espejo retrovisor. Otro auto se había estacionado justo detrás de él.
-Demonios, éste imbécil sí envió a alguien a vigilarme. “Es más sensato que tú,”—Comenzó a burlarse de su jefe. —Si ya tenía un empleado no sé ni por qué me metió a mí en esto.
 Después de rezongar un rato, se bajó y abrió la cajuela. Por enésima vez, cargó mi maleta con cuidado. Miré a mí alrededor. Nos encontrábamos en un bosque denso, el cual se me hacía muy conocido. Se adentró en él y nos perdimos juntos entre las penumbras de los árboles.

 Caminamos una milla, más o menos, hasta llegar a una laguna que se abría en medio del bosque entero. Frank recostó la maleta en el pasto y se quedó ahí parado, mirando la inmensidad del agua.
“¿Y ahora qué?” Le pregunté. Me senté en sobre una gran roca que se miraba cerca de la orilla.
Y decidí calmarme mientras cantaba.
-“This alone, you´re in time for the show…”
-you´re the one that I need, I´m the one that you loathe… — Frank continuó mi estrofa.  ¿Acaso me escuchaba?
-¿Sabes, Scarlet? Yo no quería hacerlo. Lo juro. Tenías tanto a qué aferrarte. Tenías todo. Tenías más que yo… Debí ser yo. Debí ser yo a quien asesinaran, no tú. –Cayó un momento y suspiró. –No sé si eso de los espíritus exista, pero si estás aquí, te pido perdón. –Se tomó la cabeza.  Luego se hincó frente a la maleta y la abrazó, como si de un ataúd real se tratara. —Es que no podía negarme. No podía… Pero admito que fui un cobarde, quitarle la vida a alguien no es lo mejor  que un ser humano pueda hacer ¿sabes? Ahora tus recuerdos me van a atormentar. –Comenzó a llorar y a gemir. Cerró los ojos y se aferró más a la maleta. — Al menos vas a estar con tu familia y evitarás haber conocido a la terrible persona en la que me he convertido, ni siquiera vas a acordarte de mí. –Sorbió por la nariz. —Perdóname por todo, por todo. Me arrepiento de no haberte defendido, de haberme vuelto un monstruo, porque eso es lo que soy ¡un vil monstruo que ni Satanás querría a su lado! Ni siquiera sé lo que estoy haciendo ahora…
   El amanecer se aproximaba, el cielo anaranjado iluminó la silueta de mi joven asesino recostado en la maleta.
-Eres hermosa aún sin vida. Espero tu alma me perdone. —Fue lo último que dijo antes de levantarse y limpiarse la cara con el suéter de lana negro que traía.
 Yo sólo lo miraba asombrada desde la roca en la que me había sentado desde que llegamos. No sabía cómo sentirme. Era raro…
 Frank estaba a punto de abrir la maleta cuando alguien detrás suyo le habló.
-¿Te ayudo con eso?—Le preguntaron. Frank no pudo evitar darse la vuelta.
-¿Quién eres?—Sus ojos rojos miraron al visitante dudosos.
-¿No me recuerdas, Frank?
-No. Normalmente no recuerdo a nadie, odio recordar…
-No te pongas melodramático. Está bien que la muchacha era linda y todo, pero no era tuya. No llores, ven. —El extraño, que era unos centímetros más alto que Frank, intentó rodearlo con su brazo, pero Frank lo evitó.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres?
-Vengo a ayudarte con la maleta. —Contestó indiferente. –Pero si no quieres, entonces no lo hago y ya.
-¿Quién eres?—Inquirió Frank con los puños cerrados.
-Soy yo, Gerard. —Le contestó el mayor con una sonrisa amigable.

3 jun 2011

My Murder Capitulo Dos

"Did You Come To Stare, Or Wash Away The Blood?"
(My Chemical Romance- Desert Song)

Aquella atractiva muchacha le quitó la gorra roja a mi joven asesino, despeinándole el cabello corto y negro. Él miró a la muchacha, intentando guardar la compostura. Vi que tragó saliva.
-Se ve muy pesada, corazón—dijo mientras acariciaba la mejilla del chico. – ¿No quieres que te ayude?
Éste se puso nervioso, lo noté porque su mentón comenzó a temblar y sus manos sudaban. Se secó la mano derecha en la parte baja de la espalda.
-N-no no hay… N-nada…-sonrió, ocultando lo incómodo que se sentía al ser acariciado. —Tengo que irme. – le quitó la mano de su mejilla y se la besó, intentando parecer un desvergonzado. Después, le arrebató la gorra y se la volvió a poner, para después echar a correr al fondo de la tienda.
Yo lo seguía de cerca. Corría a su lado, quería saber lo que haría conmigo.
  A medio camino noté que una gran mancha roja comenzaba a crecer en la parte baja de la maleta. Mi asesino se dio cuenta segundos después y apresuró el paso hacia el fondo del lugar. Sus botas negras cruzaron pasillos oscuros y sucios, algunos con chicas igual de sensuales que la carnicera de un rato antes. Otros, con latas viejas y abolladas. Los pisos amarillos no estaban bien barridos. En el lugar de los refrigeradores, había manchas de jugos rojos en el suelo que nadie había limpiado. Había pocos clientes ahí, todos con caras miserables e inexpresivas, ignoraban a mi asesino.  Se notaba que la vida nunca les había sonreído. Igual que a mí.
  Así fui siguiéndole con destreza, hasta que llegó al final y se encontró con una puerta de madera hinchada color verde pistache.
   De repente, las primeras gotas de sangre –mí sangre—comenzaron a descender hasta golpear al suelo. Por suerte, estábamos casi entre penumbras.

  Una voz femenina comenzó a reírse dulcemente. Otra muchacha, más atractiva que la otra, se percató del asesino de ojos claros. Ella llevaba puesto un corsé negro, usaba una falda muy pequeña color rojo, los labios carmesí y las pestañas llenas de mascarilla negra. Su rostro se veía algo cansado, su sonrisa mostraba su falta de higiene. Sonreía de manera cínica. Aún así se veía hermosa. La luz de sus ojos relucía como dos estrellas acabadas de nacer. Lo más bizarro en ella era su cabello; estaba pintado de un color rosa fosforescente. Aun así era la muchacha más atractiva que yo haya visto jamás.
  Mi joven asesino le dedicó una mirada segura y le sonrió. Al parecer la conocía.

-Ya se  te está cayendo el teatro, pequeño- le avisó mientras caminaba hacia nosotros. Dio una carcajada- ¿Qué llevas ahí, corazón?
La misma pregunta de nuevo.
-Un pedido… Tú sabes de esto, no te hagas como que no, Emilie- le contestó de mala gana mientras la observaba.
Ella volvió a soltar otra carcajada  dulce. Él, movió la maleta entre sus manos detrás de él, como protegiéndola.
-Claro que lo sé, pequeño. Simplemente quería iniciar una conversación. – Comenzó de nuevo a hablar con una sonrisa, pero luego algo pasó por su mente y su hermoso rostro se tornó lúgubre- Sabes que tu jefecito me debe plata—. Su voz comenzaba a ser dura— ¡Díselo! ¡Lo necesito ahora!—Me recordó a las mujeres mitad lobo de las que había leído alguna vez a los once. Solían ser mujeres hermosas que se tornaban el monstruo más horrido cuando de hambre se trataba.
-Está bien, está bien. No te preocupes, yo le digo, querida. –Mi asesino miró al suelo donde las gotas de sangre caían libres, como si lloviera. – ¿Puedes limpiar eso, Emilie?—Le dedicó una mirada tierna, como queriéndola convencer.
-Con gusto, pequeño. Sabes que por ti haría lo que fuera. –Le sonrió. Su temperamento cambiaba tanto como su rostro. Al igual que la otra, le quitó la gorra y le despeinó el cabello. –Pero tú por mí no harías nada ¿verdad? –Preguntó con un puchero provocativo.
-¿De qué hablas? Si yo siempre he venido a visitarlas.  Especialmente a ti. —Se escuchaba tan engreído que dudé que fuera el mismo muchacho que se había puesto a llorar frente a un espejo una hora antes.
Ella le tomó el mentón y acercó ambos rostros.
-Lo sé, pero jamás te has paseado por mi habitación. —Le dijo ella, pasando sus delgados y largos dedos por la quijada de mi asesino. Él abrió los ojos al sentir su tacto.—Ni siquiera vivo lejos de aquí, y lo sabes.
“¡Puaj! ¿Podrían dejar de coquetear frente a mí? Son repugnantes.” Les dije.
-Esas son otras cosas, Ems. –Vaya apodito que le puso. Le tomó la mano con firmeza, haciendo que las piernas de Emilie flaquearan. —Necesito terminar con esto y luego hablamos ¿sí?
-De acuerdo, cariño. —Emilie chilló satisfecha, como si la insinuación de mi asesino enserio le hiciera gracia.
 Ella tomó un trapeador y comenzó a limpiar el azulejo mientras movía su trasero de manera provocativa. Sin embargo, mi asesino de ojos claros la ignoró y siguió en su camino.
   Se detuvo frente a la puerta del fondo. Sobre nosotros se encontraba una lámpara de luz blanca que comenzaba a fundirse. La confianza que él mostraba se había esfumado y bajó la maleta al suelo. Tocó la puerta con tres golpes.
  En ese lugar había ventanas gigantes y se oía como el agua de lluvia golpeaba el techo de la tienda.
-¿Quién es?- preguntó una voz desde dentro  del cuartito. Esta voz me espantó y provocó que diera un traspié y me resbalara con otro charco de sangre que mi cuerpo había hecho.

“¡Mira lo que hiciste! ¡Me caí en mi propia sangre!” Comencé a gritarle. “¡Ya me manché toda!”
Miré mi ropa y vi que esto último no era cierto. Increíblemente no me había manchado de sangre.  Suspiré molesta y me levanté… de nada servía que yo hiciera tanto escándalo. De todos modos, yo ya estaba muerta.
-Soy… soy yo. Frank…- respondió tímido.
¿Frank? Yo ya había escuchado ese nombre. Y su voz, su voz verdadera, con la que hablaba cuando estaba tranquilo, también la reconocía. ¿Pero de dónde?
Alguien abrió la puerta y los pestillos chirriaron terriblemente.  Ahí dentro, una luz cegadora comenzaba a crecer, me tragaba. Me tragaba de nuevo. Veía cómo al mismo tiempo Frank entraba despreocupado cargándome en esa maleta. Algo me llevó a una clase de dimensión diferente.
***
En un santiamén me encontré de nuevo sola entre la obscuridad, en medio de un lugar humedecido y frío.  Yo me encontraba en una clase de jaula del infierno, de piedra mojada y reja de metal. Justo en frente de mí, se encontraba una bocina. Escuché lo que pasaba.
“Cálmate, chico. Sabes que trabajas para mí… Mira, te doy tres días para que la desaparezcas ¿Entendido? Porque sabes que no podemos quedarnos con ella”
   “No puedo, jefe. No puedo… Tú sabes cómo me siento. Soy un simple…”
“Un simple chiquillo que no sabe seguir indicaciones”

Dos voces comenzaban a discutir. Las misma voces, una era la voz de Frank, la otra era aquella voz grave que me había sometido antes de morir. De pronto un golpe seco sonó. Creo que era una cachetada. Silencio absoluto.

Un pequeño sollozo…

“Mira, Frankie. Si no haces lo que te pido no regresarás vivo a tu hogar ¿Entendido?”
“Sí, lo entiendo. Discúlpame”
su voz era suplicante.
Al parecer todos le temían. Yo también le tuve miedo a esa voz, pero no recuerdo su rostro y ahora que me encontraba en esta celda extraña, de la cual no lograba salir, tampoco tendría la oportunidad de conocerle.
“Debo decirte algo, pequeño. Esta muchachita me trajo problemas desde que ella y su gemela nacieron, me impidieron hacer muchas cosas. Ahora soy yo quién les impidió terminar bien. Yo terminé con su vida… Y si no haces lo que te pido terminarás como Scarlet y su familia. Incluso, tal vez seas metido en la misma maleta que hoy me traes.”
“Entiendo, jefe. Discúlpeme de nuevo, es solo que esto es algo difícil para mí…”
“Bien. Ahora ábrela y muéstrala”
“¿Aquí, jefe? ¿Cómo…?”

“¡SOLO HAS LO QUE DE PIDO!”
Otros segundos interminables de silencio.
Entonces un chasquido sonó y luego dos clavos chirriaron. La risa de satisfacción del mayor se escuchó.
“Sólo mírala. ¿No te encanta ver su rostro entristecido?”   Soltó otra carcajada
  “¡Ríete, chico! Mira, tu trabajo está bien hecho.”
  “Pero sabes que yo no…”
“¡Cállate! Solo mírala. Desvalida, vulnerable. Puedes besarla y ella no se defenderá”
  “No lo harías ¿O sí?”
-¡No! No me toques, maldito ¡Déjame en paz!- Aunque sabía que no me escuchaban, grité, sólo quería defenderme o al menos intentarlo.

“Claro que no… ¿O quieres que lo haga?” Insinuó el jefe.
    “¡No! Solo… déjala en paz.”
“Bien, hazlo tú. Al parecer tú la quieres. ¿O miento? ¿Acaso la quieres?
¿Estás enamorado de tu primer crimen?”
No logré escuchar lo demás… Sus voces se convirtieron en murmullos inaudibles. Entonces, de nuevo la luz me tragaba y regresé al lado de Frank.
***
 La oficina del jefe de mi joven asesino despedía un hedor asfixiante. Fumaba cigarro, pero era uno tan corriente que hasta él mismo llegaba a toser.
Frank estaba a punto de cerrar la maleta cuando su jefe se levantó del escritorio y le dio una bofetada.
-¿Qué vas a hacer, entonces?—Le preguntó su jefe a Frank.
-Lo-lo-l-lo que me pediste— Balbuceó mi asesino—.  La dejaré en mi auto… ¿Qué piensas hacerle tú?
-¡HABLAME DE “USTED”! ¿Qué no entiendes?
-S-s-sí, se-señor…
-Bien. Ahora, tenemos que revisarla.
-¿Revisarla, aunque esté sangrando?
-Sí, ¿acaso tienes miedo?
Frank guardó silencio bajando la cabeza. Su jefe tomó la palabra.
-¿Cómo la mataste?—Le preguntó en el oído. Mi joven asesino cerró los ojos con vergüenza. Después de unos segundos, dio un respiro y siguió el hilo de la conversación.
  No quise saber cómo había muerto, no soportaría la verdad, así que me salí de la oficina y decidí esperar ahí afuera. Afuera de la oficina me sentí más a salvo, olvidando que el supermercado también era un lugar aterrador, pero lograba escuchar la lluvia caer en el techo y eso de alguna manera me hacía sentir bien.
  Pasó un minuto aproximadamente y decidí pegar la oreja a la puerta. A pesar de poder traspasar cualquier pared, no quise volver adentro donde era discutida mi muerte con un hombre gordo.
 No recuerdo todo lo que escuché, pero justo cuando me puse a escuchar la conversación, el jefe confesó que él había sido el asesino de mis padres. Eso me habría helado la piel, de haber estado viva. Lo único que hice fue dar un grito enorme que hizo a los humanos cercanos helarse por mí. Seguí escuchando, aún sin poder creer cuán conectada estaba mi vida a aquellos dos hombres tan mundanos.

-Raymond no pudo con el cargo. Tenía tu edad en ese entonces.
-¿Qué le pasó, señor?—Preguntó Frank, como quien no quiere la cosa.
-Después  de provocarles un accidente automovilístico, éste se suicidó. –Tosió con fuerza.—El inútil sentía algo por la gemela que estaba en el hospital y se sintió tan culpable que al final terminó con su propia vida—Soltó un suspiró.—Los sentimientos son una porquería. Pero yo, soy tan insensible que puedo pensar mejor que cualquiera.
-S-sí. U-usted es todo un maestro.—Afirmó Frank.
-Sus padres murieron solos, como cucarachas aplastadas.
-Y su hermana gemela falleció tres meses después de leucemia—Completó Iero mientras interrumpía mis sollozos sobre aquella llanta del carro.
¿Cómo diablos sabía sobre mi hermana?

-Entonces, sabes bastante de ella. Claro, era obvio—comenzó a dar vueltas sobre Frank, que estaba parado tan erguido como un palillo de dientes--¿Qué más sabes, pequeño Frank?
-Nada—. Contestó Frank, bajando la mirada.
-¡Habla, niño!
-La conozco por… porque ella estaba mi clase de canto. —Confesó Frank con la voz tan baja que tuve que meter la cabeza en la puerta. Intenté entonces recordar mis clases de canto, pero su rostro no estaba en mi cabeza, nunca lo había visto antes de hoy.
Frank cerró la maleta. De pronto el adulto lo miró a los ojos, el otro alzó la vista para mantener la mirada fija.
-Bueno. —Realmente no importa.— Eso es todo. ¿Tienes alguna pregunta?—Le hablaba como si de una entrevista de trabajo se tratara.
-¿Señor?—preguntó Frank, cargando de nuevo la maleta con ambas manos.
-Dime—respondió serio.
-¿Quién era el otro sujeto que le ayudó a... bueno, usted sabe…?
-¿Golpearla? –Frank asintió.—Es otro empleado que tengo. Es más sensato que tú. Apuesto a que él sí la hubiera torturado bien antes de asesinarla. Apuesto a que de no ser por él, tú la hubieras ayudado ¿O me equivoco?
  Frank tragó saliva. Su cabeza volvió a idear algo y respondió después de un largo minuto.
-Pues, verá, señor. Creo que… usted es un ser realmente inteligente, y por consiguiente muy precavido. Tal vez sí la habría ayudado—Se escuchaba seguro. Su jefe pensaba interrumpir de nuevo, pero no lo hizo—Pero, como yo trabajo para usted y,  de alguna manera, también para mí, entonces no creo haberla salvado.
-Gratificante—mencionó el jefe. —Quiero decir. Es muy gratificante saber que también serás un egoísta. Egoísta como todo hombre triunfador. El hombre obeso abrazó de manera sorpresiva al joven asesino y sacándole el aire.
-Me siento orgulloso de serlo, señor—le sonrió tímidamente.
“Orgulloso de ser egoísta, eso” susurró para sus adentros el joven Frank.
 ¿Ese era un pensamiento? ¡Había logrado escuchar su pensamiento! Por un momento me sentí poderosa. Quizá ser un fantasma no era del todo malo.

  Pero algo más ocupó mi cabeza. ¿Frank en serio sería tan cruel como para dejarme morir? No lo haría, definitivamente Frank no me dejaría morir, no le creo. Sólo miente para no ser asesinado al igual que yo.
-Frank. Dime una cosa—Su jefe le tocó el hombro. — ¿Tú la matarías, enserio? Porque no creo que asesines a alguien a quien ames…--dejó las palabras en el aire.
-Señor. La asesiné.
-¿Y?
-Señor. Usted dice que no cree que yo pudiera matar a alguien que yo amo ¿cierto?—Frank lo miró de manera retorica y el adulto obeso asintió esperando la respuesta de su aprendiz—Entonces. Esto significa que no siento nada en absoluto por Scarlet.
Volvió a dar un paso para salir, pero se detuvo y preguntó.
-¿Dónde la llevo entonces?
-A donde quieras, tírala en el basurero de la ciudad, en la casa de los vecinos, no sé… en el bosque de aquí…
-Pero, ¿no sería mejor darle un descanso digno y enterrarla?
-¿No te parece que estás siendo un tanto comprensivo con la muchacha?
-Scarlet—musitó el joven—Ese es su nombre.
-Como sea. No sé, llévala a donde quieras.—Su jefe lo detuvo unos segundos más.—Por cierto, el otro chico te seguirá, así que no intentes nada ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
  Frank salió velozmente y se dirigió al estacionamiento, sin olvidar claro de despedirse de Emilie y sus amigas de faldas cortas.

Frank abrió la cajuela y metió la maleta. Luego la abrió.
-¡Maldición! Esta cosa está manchada. –Sacudió su mano, deshaciéndose de mi sangre. Sentí que se deshacía de mí. —Soy un maldito. —Le dijo al cielo. Volvió a mirarme con tristeza. —Enserio lo siento, Scar. —Sonaba sincero.

2 jun 2011

My Murder: Capitulo Uno

" ¿Puedes Creer lo Que Te Han Hecho? ¿No Se Detuvieron Cuando Les Pediste Que Te Dejaran En Paz?"
(Emilie Autumn)
  En aquella bodega, no había más que cosas viejas.  Un par de sillones rústicos enormes, estaba arrumbado al fondo. Cajas con recuerdos de quién-sabe-quién  se amontonaban por todos lados. El único espacio libre eran escasos metros alrededor del colchón donde yo yacía muerta y la mesita donde el muchacho veía televisión.
  Regresé a la cama. Era tan ligera, que ni siquiera el colchón se hundió cuando me senté. Miré mi cuerpo quieto. Contemplé mi cadáver con nostalgia y acaricié mi rostro, como intentando consolarme de un mal día.

  Mis ojos ya estaban cerrados, la nariz no emitía un simple sonido que me diera la esperanza de tener vida, la boca comenzaba a oscurecerse, sólo las comisuras externas permanecían claras, y mis labios estaban abiertos como si estuviera preparándome para hablar. El pecho no se movía ni poquito. Mis brazos y piernas tenían moretones tan obscuros como mi cabello. Al verlos, logré tener un recuerdo pequeño de cómo me habían golpeado al poner resistencia cuando me atraparon. La posición en la que estaban mis manos, hacía evidente que me habían lastimado; ambas a mis costados, cerca de mis caderas, aferrándose ya muy poco a los extremos laterales del colchón en el que descansaba, como si hubiera querido aguantar el dolor que me habían hecho sentir, apretando los puños.  El vestido blanco que me habían obligado a portar me cubría los muslos y las espinillas de las piernas, sólo pude ver mis tobillos que, junto con mis muñecas, mostraban marcas de cuerdas; líneas finas color morado alrededor de aquellas articulaciones tan débiles. Sin olvidar que la sangre que había derramado se encontraba esparcida por el colchón y mí figura. El color ya comenzaba a oscurecer hasta verse casi marrón. Un marrón que cubría la claridad mi ser, la claridad de mi piel tan pálida como la taza en la que el joven asesino tomaba café mientras veía la tele.
  Tomé mi propia mano. Realmente no sé si estaba fría, pero estaba petrificada, ya nada podría moverme, nada podría resucitarme nunca. Lamenté haber corrido por aquél bosque la tarde de ayer. Lamenté haber sido tan estúpida y entonces, me puse a llorar.
-Sólo mírate, pequeña—Mi voz se fue un instante. —No te mereces esto. —Le dije a mi mortífero cuerpo, tragando saliva con dificultad. —No te mereces ni una pizca de esto. Lo… Lo siento mucho…m… mucho… —Sollocé un poco mientras acariciaba mi propio cabello, como solía hacer la abuela cuando me sentía triste. Pensé que al consolar a mi cuerpo, mi alma se sentiría mejor, pero no fue así. En vez de eso, sentí enojo e impotencia. Ya no podía hacer nada. Era invisible.
  De repente, sentí una clase de calor intenso que me quemó un poco la mano. Di un ahogué un grito y mi mano fantasmal reaccionó, soltando la mano de mi cadáver.
 El chico que se encontraba viendo televisión, ya estaba hincado junto a mí, tomando la misma mano que yo estaba sosteniendo antes. Sólo lo miré con asombro. ¿Cómo es que pude haber sentido su calor si yo ya no existía en su realidad?
Acarició mi rostro y sonrió. “¿Me muero y sonríes? Qué cínico,” le dije exasperada, pero él no podía escucharme.
  Ignorando mi extraña presencia, él hizo una mueca y tomó mi cuello. Pensé que iba a ahorcarme también.
"¿De qué demonios te sirve seguir lastimándome si ya he muerto?” le dije con amargura al oído, actuando en defensa propia.

  Sin embargo, en vez de apretarme el cuello, el chico bajó un poco la mano hasta encontrarse con mi collar, el cual tomó y, unos segundos después, arrancó. Era una cadena de plata brillante y el dije era hermoso; una clave de sol que dejó de brillar cuando mi corazón se detuvo. El dije tenía mis iníciales. Había sido un regalo de mamá. El collar era el único recuerdo que tenía de mi familia. Ahora éste era robado de mí así como mi vida lo fue.
  A pesar de ser pequeño, el muchacho sostuvo mi collar como si tuviera gran peso con ambas manos y lo contempló con detenimiento. Memorias viejas regresaron a mi mente de fantasma. Porque eso era yo; un vil fantasma.
  Mamá me había llevado al hospital a visitar a mi hermana en nuestro cumpleaños. Fue el último cumpleaños que había celebrado con mi gemela. Isabella se veía mal ese día. Sólo teníamos cinco años, pero yo no tenía miedo. Lo único que quería era verla. Recuerdo haber pasado el día entero con ella, jugando en la silla de ruedas que le prestaron porque su lado izquierdo estaba totalmente paralizado. Fue la última vez que la vi así, fue la última vez que la vi. En nuestro cumpleaños número cinco lo pasamos bien. Al final del día, mamá nos había dado un beso en la frente a ambas y nos había regalado a cada una un collar con nuestras iníciales. Mi hermana había sonreído de oreja a oreja y nos había dado un abrazo fuerte a ambas… Después de eso, todo es borroso. Detrás de mis párpados, la imagen se desvanece con rapidez. Se va mi memoria.

“Recuerdo esto,” dijimos al unísono. Cuando su voz acompañó a la mía, regresé a la realidad. La voz del muchacho era diferente a la voz que me gritaba antes de morir. Entonces, asumí que él no había sido quién se había encargado de golpearme.

  ¿Él recordaba mi collar? ¿Entonces, quién era?

   Se acercó un poco a mi rostro golpeado y miró mi cuerpo atentamente; yo lo observaba a él de la misma manera. Quitó mi cabello de mi pecho y apoyó su oreja, cerrando los ojos.
-Por favor, late. Por favor, por favor, palpita. —Le suplicó a mi corazón como si en serio esperara a un milagro, pero ningún sonido que mostrara que yo seguía viva apareció. Creo que un par de lágrimas recorrieron su rostro, pero no puedo asegurarlo.

 De pronto, el joven se levantó de un salto y metió mi collar a su bolso, supongo que algo también pasó por su mente. La despreocupación que había mostrado hace un rato, se volvió un gesto de angustia en su rostro.

Quizá recordó que acababan de asesinarme justo ahí. Quizá recordó que un asesinato es algo imperdonable y quizá recordó que la policía estaría buscándolos, ya que se puso a limpiar todo. Parecía una sirvienta que hace mal el quehacer y que esconde el polvo debajo de la alfombra.
  Tiró la taza de café y un par de botellas de cerveza en una bolsa negra. Apagó la televisión y, en la penumbra, se acercó de nuevo a mi cuerpo.
 Me tomó entre sus brazos, como si yo no fuera un muerto, sino una niña acabada de dormir.
  “¿No te doy miedo?” Le pregunté, mirándolo de soslayo. Como esperaba, él no respondió. Estaba muy ocupado acomodándome en el suelo con cuidado. Después de eso, se miró en el espejo de cuerpo entero. Sus manos ya estaban manchadas de mí. Su rostro se crispó ante su propio reflejo. Yo me paré junto a él, sin lograr ver el mío.  
“¿Ves en lo que te has convertido?” Volví a hablarle. No sé por qué, pero sentía que de algo servía que lo hiciera. “Eres un asesino. ¡Ese es el reflejo de un asesino!”
  Se hincó entonces y  sollozó. No le veía bien, pero creo que alzó las manos al aire. Luego escuché su voz.
 -Soy un monstruo. —Fue lo único que musitó antes de recostarse desesperanzado en el pútrido suelo.
  Se quedó tirado ahí, a unos metros de mi cuerpo. Después, volvió a levantarse. Gruñó un poco y golpeó el espejo, haciéndolo quebrarse en mil pedazos. Al parecer no se lastimó, porque no hizo ningún sonido que anunciara dolor. Luego, buscó detrás del marco del espejo y encontró una enorme maleta. La abrió e hizo algo extraordinario; con gran destreza y cuidado al mismo tiempo, acomodó mi cuerpo de tal forma que no me deformara mucho ahí dentro y logró cerrarla.

-Lo siento- susurró a la maleta.
  Miré con desprecio al chico y luego miré de la misma manera a mi nuevo ataúd. ¡Bah! Una maleta de ataúd. ¿A quién se le hubiera ocurrido?

  De pronto, una serie de luces comenzaron a asomarse por la pequeña ventana del lugar. Rojo, azul, rojo, azul, rojo, azul, simultáneamente hasta que a veces se veían púrpuras.
   Algo de satisfacción pasó por mi pecho. "Sí, los atraparon,” pensé llena de euforia.  Tal vez mi historia no será tan trágica.
  Sin embargo, mis suposiciones eran sólo eso, pensamientos inciertos que jamás sucederían porque la vida no era un cuento de hadas.

  El muchacho miró la ventana y sus claros ojos fueron deslumbrados por las luces. Entrecerró los ojos y se apuró a tomar la maleta sin cuidado. Tomó una gorra de béisbol roja y se la puso.
  Vaya disfraz.

  No sé de dónde sacó fuerzas pero salió huyendo con mi ataúd en una sola mano, golpeó la mesita accidentalmente, haciendo que la televisión cayera al suelo provocando un estruendo de aceros que hasta a mi cadáver habría despertado.
 
  Salió disparado al estacionamiento trasero del lugar. Decidí seguirlo. La materia de la que estaba “hecha” ahora, me permitía flotar y dirigirme a cualquier lado de manera rápida. Mi joven asesino tomó las llaves de su bolsillo, abrió la puerta de atrás de un auto negro y aventó la maleta donde mi cuerpo descansaba. Me subí al asiento del copiloto sin pensarlo. Él entró y comenzó a conducir como lunático.

***
  Después de unas millas, las luces de las patrullas dejaron de perseguirnos. Comenzó a andar más despacio; yo seguía mirándolo con sorpresa. No podía creer que alguien pudiera ser tan vil como para asesinarme. Era tan joven para ser un quita-vidas.
  Lo observé con atención desde mi asiento.
  Su rostro estaba manchado de mí, de mi sangre, y manchado de algo de tierra. Su ropa estaba desgastada, usaba un suéter viejísimo y un par de pantalones de mezclilla. Apretaba las manos en el volante, de vez en cuando tamborileaba los dedos. Debajo de la gorra roja, pude ver sus ojos  titubeantes que miraban el camino. De aquí para allá iban sus pupilas. Susurraba una canción que no conozco, pero repetía,
“Could I? Should I?”


  Bajé un poco la mirada. Miré más allá de su nuca. Tenía un tatuaje en el cuello; un escorpión. Miré sus manos sobre el volante; letritas de tinta llenaban sus nudillos. Más tatuajes. Tenía una pequeña expansión en la oreja derecha. Parecía en serio un delincuente, pero a pesar de aquello, sus inexpertas acciones me hacían creer que no era más que un joven novato en todo esto.

   Después de algunas cuantas vueltas y un retorno, el muchacho frenó el auto, provocando que yo, el fantasma, saliera contra el parabrisas sin causar daño alguno al vidrio. Ahí en el suelo, miré a mí alrededor. El estacionamiento del lugar tenía escasos diez espacios para escasos diez carros. El lugar era una clase de supermercado de segunda mano, de aquellos en los que no consigues más que pan, leche y otras cosas que poca gente llega a comprar para comer.
   Rápidamente me levanté del césped. El pasto me dio cosquillas debajo del vestido. Corrí rápidamente en dirección al carro del chico. Cuando me metí al automóvil de nuevo, él ya se encontraba abriendo la puerta trasera.

-Ya llegamos, Scarlet. —Susurró a la maleta.
  ¿Sabía mi nombre? ¿Cómo? Tal vez era de esos acosadores que luego se vuelven violadores y asesinos, por eso me conocía. Qué repugnante.
  Puso mi ataúd-maleta en el suelo y cerró el auto, poniendo los seguros.  Caminó con pesadez hacia el pobre supermercado. Yo lo seguí por atrás con la mandíbula tensa. Las calles en la noche de este pueblo de mala muerte siempre me dieron miedo.
 
   Él cruzó la puerta de cristal del súper con confianza, como si del lugar más seguro del mundo se tratara.
“¿Me venderá como carne molida de res o qué le pasa a éste?,” me dije a mi misma. Realmente no me extrañaría que me hicieran algo así, pero no dejaría que alguien me comiera cual vaca de granja.  

  Al entrar, la garganta del muchacho hizo una arcada, como si quisiera vomitar.
-Huele pésimo ¿qué harán las chicas ahora? ¿Vender ratas de alcantarilla?—Se quejó mi joven asesino. Fue ahí cuando noté que también había perdido mi sentido del olfato. Por más que inhalé por la nariz, no logré percibir ni una pizca del hedor en el supermercado.  
  Sin embargo, aún podía ver. El lugar estaba podrido hasta el fondo. Algunas de las lámparas blancas del techo parpadeaban de manera intermitente, a punto de fundirse. El piso ya era amarillo, en algunos rincones estaba lleno de chicles pisados que nunca nadie había levantado. En medio se encontraban estantes de metal que guardaban poca comida, a la derecha se encontraba un mostrador con un vidrio que mostraba la putrefacta carne que vendían ahí dentro. Detrás del mostrador se encontraba una guapa cajera, la cual miró a mi asesino con ojos brillantes y se acercó a él, en esos tacones de charol negros que sólo una persona como ella usaría.

-Buenas noches, corazón. ¿Cómo estás?—Le saludó coqueta, quitándose el delantal blanco que usaba, dejando ver sus piernas largas y esbeltas debajo de una falda negra.
-Bien, gracias- respondió sonriendo tímido. Puso mi maleta en el suelo de nuevo.
-Pasa, no te avergüences.- lo tomó por los hombros y lo miró  de arriba abajo- ¿Qué traes ahí, corazón?
-Ah... yo... No, nada… - Titubeó. Noté que una gota de sudor cruzaba su nuca. ¿Cómo podría explicar él que traía un cadáver paseando en una maleta?
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